La conversación
sobre la comunicología está avanzando a un
ritmo vertiginoso. A fines del siglo pasado, hace 6 años,
cuando uno buscaba la palabra comunicologia en Yahoo, éste
entregaba 8 resultados. Hoy, en mayo del 2006, en Google
la misma búsqueda ofrece 21600 menciones, esto es
12210 más que hace 5 meses. Aún así,
muchos siguen cuestionando hasta la validez de la palabra
comunicología. (A esta explosión de resultados
por supuesto que también contribuye el aumento en
la velocidad y calidad de los buscadores.)
No es fácil decir que uno es comunicólogo
o que practica la comunicología. En muchos países
de América Latina, al enunciar la palabra, inmediatamente
se dibuja en el interlocutor la expresión de ironía
o desconfianza. Gandhi decía que “la mayor
parte de nuestros malentendidos radica en la desconfianza
y que el origen de la desconfianza, en la mayoría
de los casos, es el miedo”
La palabra
comunicología aparece en el diccionario de la Real
Academia española en el año 1992 como “f.
Ciencia interdisciplinaria que estudia la comunicación
en sus diferentes medios, técnicas y sistemas”.
Desde que nos decidimos a habitar esta palabra, a expandir
y explorar este territorio de vanguardia, a transformar
las 13 letras en disciplina, nos incomodó esa definición
tan amplia que podía prestarse a estudiar desde la
tecnología de la telefonía portátil
hasta la etología de los pingüinos. En numerosos
artículos promovimos fijar los límites de
esta disciplina en la comunicación humana. En junio
de 2004, para la vigésimo tercera edición
del diccionario de la RAE, la comunidad académica
realizó la enmienda y precisó en “f.
Ciencia de carácter interdisciplinario que estudia
los sistemas de comunicación humana y sus medios”.
Esta
precisión es muy importante en nuestro enfoque de
la comunicología. Nuestro interés por constituir
y habitar la comunicología no fue el afán
académico de construir “discurso explicativo
sobre la comunicación” como describe la etimología
de la palabra, sino porque suponíamos que comprendiendo
mejor la comunicación entre los seres humanos, pueden
solucionarse muchos de los llamados problemas de comunicación
que producen desde las guerras hasta la falta de atención
a las hambrunas, desde conflictos laborales hasta la quiebra
de las empresas, desde la victoria de un candidato hasta
la instalación exitosa de una empresa en el otro
rincón del planeta.
Mientras
buscábamos cuáles eran lo elementos que constituían
la especificidad de nuestra observación, y sobre
todo de cómo es nuestro observar, nos dábamos
cuenta que la diferencia con otras disciplinas y técnicas
que comparten el estudio y práctica de la comunicación
era que para nosotros el centro de los procesos comunicacionales
son las personas y no los productos. Las pregunta centrales
de las técnicas de la comunicación están
siempre relacionadas con el “mensaje”: en publicidad
por ejemplo es “cómo y qué mensaje instalo”,
en las “relaciones mediales” es “cuántos
centímetros columna publico”, en el periodismo
“el eje es la nota, no el lector o televidente”.
La pregunta central de la comunicología es “a
quiénes comunico” –utilizando comunicar
con el énfasis de relacionar- o sea, qué comunidad
construyo.
La comunicología
suena complicada pero en realidad es muy simple, en el buen
sentido de la palabra queremos simplificar. Comunicar, viene
de poner en común, de compartir, es decir de constituir
comunidad. Sencillo y simple, sin embargo implica un cambio
de mirada que no es automático. Por el contrario
diríamos que no es lo común, aunque haga sentido.
Por ejemplo, cuando pensamos en campaña, pensamos
en afiches, palomas, vallas, franja televisiva,... en productos
y actos. Algunos, los estrategas, han pensado en electores,
en votantes. Pero que distinto sería pensar las campañas
como construcción de comunidades. No digo que no
habría afiches, folletos, vallas y franja televisiva,
quizás los elementos serían los mismos, pero
estarían articulados de otra manera, mejor. Es como
con las letras, con la a, la o, la r y la m puedo construir
amor, roma, aroma, morar, etc.… Los mismos elementos
articulados de manera distinta adquieren un poder diferente.
Este
cambio de enfoque, ¿tendrá algún efecto
inmediato? ¿Hoy, qué aporta una campaña
presidencial? ¿Qué queda en los votantes de
un candidato perdedor, en la comunidad, en el país?
¿Se construye comunidad, existe un nuevo proyecto
común, una mirada compartida, un estilo, una nueva
relación posible? ¿Comparten, se ha fortalecido
una identidad que los impulsará a emprender un proyecto
común? Me atrevería a decir que parte de la
crisis de representatividad de la política es nuestra
incapacidad de construir comunidades y que entonces intentamos
remplazar esa falencia por abundancia de mensajes e instrumentos
comunicacionales.
¿Por
qué no se hace? Quizás porque el sentido común
es pensar en “problemas comunicacionales”, en
productos, campañas, actos. En cómo hacer
llegar nuestro mensaje “de emisores” a “los
receptores”. El sentido común asocia comunicar
con transmitir. Cuando pensamos en un problema de comunicación
en la empresa, pensamos en mandar un aviso, en emitir un
comunicado, no en escuchar y generar nuevas posibilidades
para la comunidad.
Por
lo tanto cuando decimos cambiar la mirada, cambiar el sentido
común de la comprensión de la comunicación
no se trata de una tarea fácil. Es evidente que quien
mira distinto construye diferente, por ejemplo los comunicólogos
no construimos problemas sino situaciones comunicacionales.
Digo
que decidimos habitar la comunicología para desarrollar
una disciplina que nos permitiera intervenir mejor, que
nos permitiera conocer mejor cómo se articulan, cómo
se mueven los sistemas de comunicación humana, para
poder influir con nuestras intervenciones.
El año
pasado fue un año rico en casos y resultados. Al
equipo de trabajo que dirijo le tocó apoyar varios
procesos relevantes, en los que nos sentimos orgullosos
de haber contribuido tanto desde el punto de vista técnico,
por la claridad y evidencia de los resultados, como desde
el punto de vista ético, porque ayudamos a resolver
crisis graves y a destrabar nudos importantes para el desarrollo
de dos naciones.
En Nicaragua,
ayudamos a integrar la comunidad nicaragüense, a construir
e instalar una nueva mirada de sí mismos y del mundo
internacional hacia ella. Nos encontramos con un país
que había realizado enormes e importantes avances
de desarrollo y crecimiento, pero cuyo imaginario, discurso
y emociones habían quedado cristalizados en una época
anterior, y esto creaba una identidad del país depresiva
y temerosa. Hoy un año después se ha instalado
un sentido nacional distinto, los indicadores han cambiado,
la apreciación internacional ha avanzado más
rápido que la interna, pero claramente es otro país.
El trabajo, que quede claro, no era desarrollar un país.
Los elementos del desarrollo venían dándose,
las cifras y estadísticas así lo apuntaban.
De lo que se trataba era de realizar un upgrade anímico,
de percepción respecto a “quiénes somos”,
porque de lo contrario esa mala percepción interna
y externa sí podía transformarse en un obstáculo
insalvable para el desarrollo. Hoy, Nicaragua tiene otras
conversaciones y expectativas.
En Panamá,
intervenimos en un escenario en que una huelga de la salud,
la construcción y la educación paralizó
al país durante un mes, con una caída enorme
de la aceptación del presidente de 65 a 13 %, con
una nueva ley de seguridad social rechazada por el 80% de
la población. Ahí colaboramos arduamente a
instalar un diálogo nacional que generara confianza
en la ciudadanía, que permitiera discutir sobre posible
y nuevas soluciones. Al final del proceso de diálogo
logramos que los resultados de la mesa de diálogo,
una nueva ley de seguridad social, fueran aceptados por
la mayoría de los ciudadanos, en su forma de gestación
y sus contenidos, el presidente recuperó su liderazgo.
En síntesis,
en ambos casos, contribuimos a crear comunidades nacionales
más fuertes y unidas, con proyectos y sentidos compartidos.
Habitar
la comunicología, para generar una mejor comprensión
de los procesos comunicacionales entre los seres humanos.
Razón, emoción y conducta, todas con la misma
importancia constituyen los hilos trenzados que unen a los
seres humanos a través de los actos y productos comunicacionales.
En un mundo que se reduce cada día más y que
a la vez se enriquece en posibilidades y oportunidades,
comprender cómo suceden, fluyen, se traban o distorsionan
estos procesos comunicacionales es una capacidad indispensable
de la supervivencia tanto como la economía y las
leyes. Los tratados de libre comercio e integración
comercial que se firman en estos tiempos, no son sólo
reglas legales y aduaneras, implican en algunos casos profundas
transformaciones culturales para poder aprovechar esas oportunidades,
crear nuevas comunidades.
El mundo
se mueve rápido, estar atento a la identidad y su
adecuación a los entornos y los cambios es una necesidad
ineludible de las comunidades humanas de nuestro siglo.
No se trata de prepararse para cambiarlo todo y dejarse
llevar por la ola vertiginosa de la transformación;
al contrario, se trata de estar alertas para identificar
qué conservar, qué eliminar y qué transformar
de manera de seguir siendo gestores de nuestra propia identidad.
*Esta
columna es una edición del discurso realizado por
el autor en la ceremonia de graduación de la generación
2005 del training de comunicología en gestión
de identidad y cambio.
Ver
Más Artículos >>