Estamos
en el primer mes del inicio del tercer milenio. Una reunión
con amigos de la aldea global discutiendo sobre el paso
a esta época nueva que algunos llaman la sociedad
del conocimiento, otros la era de la información
y la comunicación, la nueva economía, la comunidad
global.
Distintos
nombres, que definen diferentes identidades para una manera
de vivir nueva y que cambia demasiado rápido como
consciente de que dejarse definir podría sustantivarla,
frenar su ritmo frenético y transformarse en política
oficial. Por ahora, ni los gobernantes, ni los empresarios,
ni los académicos, saben lo que pasa. La sociedad
del conocimiento, de la comunidad global, fragmentó
el conocimiento, dificultando, paradojalmente, las interpretaciones
globales.
Inconscientemente
cuando hablamos de la empresa en la aldea global, hacemos
referencia a la empresa global. Nuestra imaginación
se mueve hacia la magia y la pirotecnia de tecnologías
de punta, las grandes transnacionales y fusiones bursátiles.
La fusión de TimeWarner con America on Line para
algunos parece reemplazar el comentario sobre los matrimonios
de las Casas Reales. Como si hablar de la realeza nos hiciera
más nobles y comentar las fusiones, más ricos
y exitosos. A pesar del espacio medial y de guiar nuestras
conversaciones, las 500 empresas top de Fortune representan
ahora un 10% de la economía en vez del 20 % de hace
algunos años.
Explorar
el futuro de la empresa desde la perspectiva de la explosión
de las tecnologías de la información me parece
embriagante y casi inútil. En el encuentro del World
Economic Forum de 1997, en Davos, un alto ejecutivo de Siemens
declaraba que el 70% de los productos manufacturados por
esa empresa no habían sido inventados hace cinco
años. Anteayer, 19 de enero, coincidiendo con la
inauguración de este encuentro, el gobierno surcoreano
informó que el 2004 será comercializada una
tecnología que permite conectarse a Internet mediante
las líneas eléctricas y que permite alcanzar
velocidades de transmisión de 10 megabytes por segundo.
Cuando
creíamos superado el cable, y nos volvíamos
hacia el mundo de las ondas, esta convergencia de instituciones
públicas, empresas privadas y universidades surcoreanas
devuelve la vitalidad al cable en extinción.
Desde
la comunicología
Como
comunicólogo me inquieta que la evolución
deslumbrante del entorno tecnológico sea todavía
una conversación anclada en las escuelas de ingeniería
en computación, empresas de software y departamentos
informáticos de las empresas. La conversación
sobre la convergencia de las tecnologías de la comunicación
sigue siendo más tema de ingenieros que de presidentes
y gerentes. Sin embargo, recordando otra tecnología
revolucionaria como la imprenta, a nadie se le ocurriría
centrar el debate sobre la libertad de expresión
o la educación de las nuevas generaciones en la potencia
de las máquinas offset o la calidad de las tintas
y el grosor del papel. Por eso, foros como éste me
parecen de extraordinaria importancia y deben ser repetidos
en distintos contextos.
Uno
de los efectos más visibles de la red global, del
desarrollo tecnológico es el llamado fin de las fronteras.
Los talleres de artesanos de Oaxaca pintan animales de madera
de todos los colores que adornan los hogares de todo el
planeta. La asociación de pequeños productores
de Quillaipe, descubrió las propiedades del alga
sphagnum moss en un artículo de Internet, y hoy siguen
las variaciones de los precios en el web para negociar mejor
con sus compradores de Japón y Nueva Zelandia. Un
grupo de jóvenes, de entre los trescientos mil ingenieros
informáticos que se titularon en India el año
pasado-, está en algún garage de Bangalore
emulando y desafiando a Bill Gates, y exportando software
a California.
Esta
revolución tecnológica debiera también
revolucionar nuestra manera de observar nuestra vida cotidiana,
de conocer y concebirnos como protagonistas de nuestras
comunidades, empresas o instituciones. El fin de las fronteras
geográficas, puede ser una metáfora motivadora
para hacer caer otro tipo de fronteras mentales: aquellas
con nuestro entorno y aquellas con otras comunidades de
personas.
En relación
con el entorno, las empresas deberían asumir que
no existe un escenario "ahí afuera" que
puede ser conocido, diagnosticado, como un teatro de operaciones,
que se puede intervenir desde afuera. Lo que hay es un escenario
dinámico producido y productor de la comunidad de
personas que forma una empresa o institución.
Propongo
trasladar la distinción del selproyectar de los medios
de comunicación en la construcción del discurso
informativo (donde el periodista selecciona un trozo de
su experiencia y lo proyecta masivamente a través
de los medios), a la relación cognitiva que establecen
las personas que constituyen una empresa con su entorno.
Las personas que forman la comunidad empresa seleccionan
una parte de su experiencia cotidiana, entre el enjambre
de posibilidades que ofrecen los medios tecnológicos
y de transmisión del conocimiento, y crean su escenario
de operaciones. Evidentemente este selproyectar es una relación
de ¡da y vuelta en que la empresa surge del escenario
distinguido por ella.
La otra
dimensión de frontera de una empresa o institución
está relacionada con su capacidad de establecer relaciones
con otras personas o comunidades.
Cuando
Nike desarrolla su identidad, ordenada en torno al "Just
Do lt", está creando un estilo, una moda, pero
sobretodo una comunidad de personas que adhiere a ellos
y se compromete con ellos, comprando esos productos, identificándose
con su publicidad. Nike está creando su comunidad
de clientes, y por supuesto también está siendo
creado por ellos.
Algo
similar sucede cuando el Instituto de Desarrollo Agropecuario
ofrece sus productos y servicios a los pequeños productores.
No sólo está satisfaciendo una demanda existente,
siendo determinado por ella, sino que está creando
un nuevo tipo de usuario, con determinados valores y maneras
de enfrentar el nuevo mundo rural.
Esa
relación, esa comunidad lndap y usuarios, o Nike
y clientes, tiene una frontera difusa entre ambos, que mientras
más permeable, más consolidará una
relación estable en un mundo de permanente incertidumbre.
Hacer
el ejercicio en el seguimiento de una campaña política
puede ser más claro. ¿Qué fue primero,
el escenario o Joaquín Lavín? ¿Las
preocupaciones de la gente o las promesas de campaña?
La campaña de Joaquín Lavín observa
temas e inquietudes en la ciudadanía y responde con
una identidad que modifica el escenario y las propias demandas
de la gente. Al mismo tiempo, esa relación crea una
nueva comunidad que modifica ambas identidades anteriores
separadas.
Esta
concepción de fin de fronteras con nuestro entorno
y nuestras comunidades de relación, clientes, proveedores,
gobierno, competencia, nos obliga a abandonar la ilusión
de un conocimiento objetivo de escenarios externos independientes
de nosotros mismos y nos invita a asumir el protagonismo
de la creación permanente de escenarios socio-mediales
y comunidades diversas y cambiantes, de nuestra propia identidad.
Identidades mutantes, recreadas en cada interacción.
Los
elementos y relaciones que constituyen estas fronteras e
identidades, desde el punto de vista cognitivo y comunitario,
relacional y vinculante, determinan para un comunicólogo,
nuestra posibilidad de hacer y ser en el mundo. Si la empresa
del Siglo XXI se define desde sus conversaciones con otros,
en sus posibilidades y dificultades, la gestión de
la identidad debería estar al centro de las ocupaciones
de cualquier comunidad que esté planeando vivir,
crecer y perdurar, desarrollar su identidad mutante en la
aldea global.
©Mauricio
Tolosa. Conferencia UNICOM, Hotel Carrera, enero 2000.
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