Mi
invitación a reflexionar respecto de las lecciones
que los Delfines tienen para los líderes, requiere
un contexto imprescindible, tanto como lo es el agua para
los delfines.
Y este
contexto es que la calidad de nuestro mundo interior afecta
al mundo exterior.
En
el Siglo XXI, la suposición de que el mundo exterior
y nuestros mundos interiores están desconectados,
es reemplazada por la idea de que la calidad de nuestro
mundo interior afecta al mundo exterior.
Así
como los delfines viven en el agua y desde ella se lanzan
a volar, danzar y jugar, por mares y ríos, porque
"Delphis" significa "emerge del agua",
así también, el liderazgo nace desde el interior
de cada ser humano. Por eso, aprender a ser líderes
que generen espacios de confianza, lealtad, vitalidad y
humor requiere de un profundo trabajo interior. Y si no
es así, no aprendemos a ser líderes, sino
que usamos técnicas más bien manipuladoras
para manejar a los demás.
De
manera que esa es el agua de los líderes: comprender
que lo que ocurre fuera de nosotros es consecuencia de lo
que ocurre dentro de nosotros. De modo que para aprender
a ser líderes, en este nuevo milenio, se requiere
transformación en nuestras intenciones, sentimientos,
actitudes, visiones y acciones.
Los
seres humanos, al igual que los delfines, somos seres sociales:
vivimos en comunidades. Los delfines necesitan vivir en
grupo, necesitan cuidarse, protegerse y auxiliarse.
Y este
cuidado no lo hacen como manipulación, ni buscando
beneficios individuales. Los delfines se cuidan, ayudan
y protegen con transparencia, dedicación y eficacia.
Sin exterminarse entre ellos, en una demostración
de una ética natural orientada a la vida. Y ese es
el líder que necesitamos todos, ya sea en nuestro
hogar, en la escuela, en el trabajo, en la vecindad, en
la comuna, en el país y en la comunidad mundial.
Un líder que refleja en sus acciones lo que piensa
y siente.
En
1999, la UNESCO publicó el texto del pensador y filósofo
Edgard Morín titulado "Los Siete Saberes Necesarios
para la Educación del Futuro, trabajo que UNESCO
le encargó a Morín dentro del marco de un
proyecto transdisciplinario denominado "Educación
para un Futuro Sostenible".
Los Siete Saberes necesarios para la Educación del
Futuro que propone Morín y que, en mi opinión,
deben tener los líderes son:
1. Es
necesario introducir –dice Morín– y desarrollar
en la educación el estudio de las características
cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano,
de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto
psíquicas como culturales que permiten arriesgar
el error o la ilusión". ¿Qué significa
eso? Que se requiere a aprender que los seres humanos, por
nuestra estructura, no podemos saber cuál es la verdad.
Lo único que podemos es decir cómo es que
vemos las cosas.
Y comprender
esto, con bases científicas, es importante para no
ir por el mundo pensando: "Soy racional; veo las cosas
como en realidad son. Tengo una perspectiva lógica
que toma en cuenta todos los factores relevantes. Mi punto
de vista es objetivo, no está obnibulado por la emoción,
ni inferido por intereses personales. Tengo acceso a la
naturaleza verdadera de las situaciones. Mis percepciones
y acciones no están afectadas por mi modelo mental".
Porque
pensar o creer eso, además de arrogante es falso.
En física
cuántica, por ejemplo, se ha descubierto que la materia
básica del Universo es energía pura (eso nos
incluye a nosotros) y que esa energía es maleable
a la intención y expectativas humanas. Las expectativas
de los científicos afectan a las partículas
en física cuántica. En definitiva debemos
aprender que no hay observaciones que sean independientes
de los observadores, por eso nuestro modo de pensar debe
ser:
Soy
un ser humano limitado por mis pensamientos. Mis opiniones
dependen de mis datos, razonamientos, emociones e intereses.
Mi pensamiento filtra mis percepciones y condiciona mis
interpretaciones. Mi punto de vista es siempre parcial.
No puedo reclamar ninguna certeza sobre cómo son
las cosas, o cómo evolucionarán en el futuro.
Mis creencias son sólo descripciones factibles de
la situación. No tengo monopolio de la "verdad".
Siempre existe la posibilidad de que esté equivocado.
Los
pensamientos de los demás tienen una lógica
intrínseca. Todos los seres humanos pueden actuar
en forma racional y al mismo tiempo abrirse a las opiniones
de los otros. Las restricciones son incentivos para aguzar
el ingenio. Los errores son oportunidades de aprendizaje
dignas de investigación.
2. El
segundo saber que propone Morín consiste en desarrollar
la aptitud natural de la inteligencia humana, para ubicar
toda sus informaciones en un contexto y en un conjunto.
Es necesario enseñar los métodos que permiten
aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas
entre las partes y el todo en un mundo complejo.
Se trata
de aprender a ver sistemas y analizarlos desde el punto
de vista global. Por ejemplo, si analizamos un auto, no
verlo sólo como un conjunto de partes y piezas, sino
también entender las relaciones funcionales entre
ellos, para comprender su operación.
3. El
tercer saber, que propone Morín, es enseñar
la condición humana. Enseñar que el ser humano
es al mismo tiempo físico, biológico, psíquico,
cultural, social e histórico. Que la naturaleza humana
es compleja, pero no porque estudiemos su aspecto cultural,
social e histórico podemos ignorar su nivel físico,
biológico y psíquico. Y debemos comprender
que si bien cada uno de nosotros es distinto en lo físico
y psíquico, por nuestros genes y por nuestras historias
o experiencias de vida, somos iguales a los otros seres
humanos en lo social e histórico.
Tenemos
que aprender, por ejemplo, que los seres humanos somos mamíferos
y que por lo tanto somos animales que vivimos en la emoción.
Pero que las emociones no son restricciones de la razón,
sino ámbitos que definen nuestras acciones. Y dentro
de esto, aprender a vivir en la emoción del respeto
al otro, porque "el amor es la única emoción
que expande la inteligencia".
4. El
cuarto saber se relaciona con comprender nuestra identidad
terrenal y el destino planetario del género humano,
y que enfrentados a los mismos problemas de vida y muerte,
compartimos el mismo destino. Si todas las personas comprendieran
este principio hoy, ni siquiera se plantearían la
guerra como posibilidad, ni se dañaría a la
tierra: su aire, sus ríos y mares con contaminación.
5. El
quinto principio se refiere a aprender a enfrentar las incertidumbres.
Durante 20 siglos nos hablaron y educaron en torno a la
idea de que era importante la certeza, es decir el estar
seguros de algo, hasta el punto que, si a un niño
la mamá lo encontraba "inseguro", lo llevaba
al psicólogo.
Paradojalmente
hoy las ciencias físicas: microfísica, termodinámica,
cosmología, las ciencias de la evolución biológica,
las ciencias históricas, nos han revelado numerosos
campos de incertidumbre, de manera que es necesario enseñar
principios de estrategias que permitan afrontar los riesgos,
lo inesperado y lo incierto.
Como dice Morín "es necesario aprender a navegar
en un océano de incertidumbres a través de
archipiélagos de certeza".
6. El
sexto principio se refiere a enseñar la comprensión
mutua entre humanos, tanto con aquellas personas que nos
son próximas, como aquellas que nos son lejanas.
Y para eso es importante aprender a comunicarnos bien. ¿Y
en qué consiste eso?
En aprender
a escuchar, en no descalificar a nadie por no pensar como
nosotros y en ser empáticos: es decir, escuchar al
otro "desde el otro", no desde nosotros. Es fundamental
en todo liderazgo.
7. Finalmente
Morín habla de una educación ética.
La ética –dice este autor– no se podrá
enseñar con lecciones de moral, sino formarse en
las mentes a partir de la conciencia de que cada uno nosotros,
los seres humanos, somos al mismo tiempo individuos, parte
de una sociedad y parte de una especie. Eso nos conducirá
a entender la necesidad de la democracia, como forma de
relación de control mutuo entre la sociedad y los
individuos y concebir la Humanidad como comunidad planetaria.
Esos son los Siete Saberes que propone Morin, para cualquier
comunidad o cultura. Saberes que los delfines han sabido
desde siempre.
Así, por ejemplo, los delfines están habilitados
para usar todos los medios: sonidos, actitudes corporales
y roces, para comunicarse entre ellos. Con su comunicación,
los delfines crean redes potentes de auxilio y juego. La
velocidad y gracia del nadar de los delfines equivale a
la flexibilidad necesaria que requieren los líderes
para viajar a través de las olas y las ondas del
cambio continuo, sin estrellarse en los obstáculos,
ni gastar energía en nadar contra la corriente, así
como su adaptabilidad les permite nadar elegantemente, tanto
en el océano como en las piscinas artificiales, creadas
por el hombre.
Por último, se reconoce desde hace tiempo la capacidad
de los delfines para aprender… y enseñar.
Los delfines desde siempre han sabido los principios formulados
por Edgard Morin, de otro modo su adaptación al cambio,
su sabiduría, su equilibrio, su armonía, entre
lo individual y lo social y la destreza para comunicarse
no les posibilitaría la libertad y la creatividad
que emerge del disfrute y del juego.
Pero, por sobre todo, tal ve la mejor lección de
los delfines para los líderes sea la importancia
de vivir en comunidad. A diferencia de las águilas
que vuelan solas y no en bandadas, los delfines comparten.
Cada uno aporta lo mejor de sí mismo en beneficio
de la comunidad, sin exigir primacía ni derechos.
El Instituto de Liderazgo: Chile Más: se propone
enseñar los Siete Saberes de Morin, a través
de un recorrido primero, de aprendizaje interior que nos
permita ser servidores de los demás y en cualquier
lugar y momento que desempeñemos liderazgo, eliminemos
las barreras de miedo y la desconfianza, de manera de ser
agentes activos en crear una nueva cultura. Por proponerse
esta misión, deseamos a Juana y a su nueva creación
mucha prosperidad.
¡Muchas gracias!
Santiago,
22 de abril de 2003
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