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Vivo
con dos perros, Tara y Surajkhan.
Tara
tuvo una infancia traumática. El antiguo amo la compró
en un criadero, a su familia no le gustó porque era
una perra muy grande. La señora quería un poodle.
El señor intentó devolverla, pero el dueño
del criadero no aceptó. Durante varios meses estuvo
sola en el jardín, alimentada, pero jamás tocada,
afecto cero. Al séptimo mes, llegó a nuestra
casa. Al comienzo, salíamos al jardín y ella
arrancaba. De a poco fue aprendiendo a confiar. Hoy se puede
decir que es una perra cariñosa, algo reticente con
los extraños. Es muy inteligente: escucha una vez una
palabra asociada a una conducta, y es suficiente para que
la repita al escucharla.
Surajkhan
en cambio no ha tenido grandes traumas, quizás el mayor
fue su viaje en avión, en una maleta para perros, desde
Ciudad de México hasta Santiago. El no era de criadero,
sino de un criador pequeño, que se enamoró de
él porque era blanco entero, dormía con él,
como con un oso de peluche. Cuando me lo vendió a los
dos meses, lloraba. A pesar de no dormir en mi cama, se puede
decir que el cariño siguió intacto. Querido,
regalón, es confiado y recibe a los extraños
como comité de bienvenida. Sin embargo es menos rápido
para comprender una instrucción asociada a una palabra.
Pareciera no escuchar de la misma manera que Tara.
Entrego
estos antecedentes de sus historias para que sirvan como contexto
de la situación que voy a describir a continuación.
He
notado que el mejor momento para enseñarle algo a Tara
y Suraj, es antes de comer. Asocian el aprendizaje a una recompensa.
Y por lo tanto parecieran tener mejor disposición para
realizar las acciones solicitadas. Que pueden ser palabras
como sit, lamano, givmifaiv (give me five), adentro, alfombra,
ap (up) y varias otras. A cada una de ellas corresponde una
acción. Por ejemplo, cuando escuchan lamano, dan la
mano. Por supuesto sucede cuando están sentados después
de un sit inducido o espontáneo. Alfombra, quiere decir
que se deben parar en la alfombra.
La
semana pasada, realicé el experimento de juntar dos
palabras. Esperé la hora previa a la comida, que para
ellos es bastante clara. Me dirigí a sus platos y creé
un nuevo sonido: alfombrasit. Surajkhan miró desconcertado,
casi sin cambiar la expresión, no atinó a ningún
movimiento. Tara miró atenta, levantó las orejas,
y se dirigió a la alfombra, pero se puso tan nerviosa
que pasó de largo. Surajkhan se levantó siguió
a Tara. Cuando repetí la palabra Tara ya estaba tan
confundida que se bloqueó y no se movió, Surajkhan
en cambio se sentó sobre la alfombra. Sólo a
la tercera vez que repetí alfombrasit, siguiendo el
movimiento de Surajkahn, Tara se sentó sobre la alfombra.
A
partir de la observación de esa situación, inserta
en una historia previa, deduzco las siguientes distinciones:
Tara
comprende “de que se trata” más rápido,
pero su “fragilidad emocional” le impide realizar
la tarea. Surajkhan es menos rápido para entender,
pero su “seguridad afectiva” le permite, siguiendo
el primer impulso de Tara, realizar antes la tarea. Finalmente,
Tara que había comprendido primero, pero no había
podido realizar la tarea, la realiza siguiendo el ejemplo
de Surajkhan.
La
comprensión, la inteligencia que no va apoyada en un
sólido fondo afectivo, una confianza que Tara ha ido
adquiriendo lentamente, dificulta coordinar conductas con
eficacia. Mientras que una menor comprensión acompañada
de una mayor confianza permite efectuar tareas con más
rapidez.
En
este caso además, por tratarse de dos perros uno podría
pensar que el trabajo en conjunto, la inteligencia de uno
y la confianza del otro, hacen que juntos operen más
rápido que por separado.
La
imitación opera como facilitador eficaz para superar
el bloqueo emocional en el caso de Tara y la no “comprensión”
inicial en el caso de Surajkhan.
Para
llegar a un concepto complejo o compuesto era necesario pasar
por los dos primeros que forman el segundo (sit alfombra y
luego la combinación alfombrasit)
...Uno
podría reflexionar sobre esa experiencia desde distintos
puntos de vista, relacionando, re-configurando, aprendiendo.
¿Quién
era el principal sujeto de aprendizaje en la experiencia anterior,
mis perros o yo? Ambos estábamos aprendiendo en un
sentido amplio. Ellos una nueva palabra asociada a una conducta
y yo sobre el aprendizaje.
La
Sociedad del Conocimiento
Se
ha llamado a nuestro tiempo “la sociedad del conocimiento”.
Este es uno de los nombres para una sociedad que aprecia crecientemente
el valor agregado a través de la creatividad, de la
investigación, de la gestión de procesos. Las
predicciones de éxito de la economías se fijan
en la cantidad de estudiantes de tercer ciclo, en la enseñanza
superior gratuita, en las horas de trabajo destinadas a actividades
del conocimiento, en la formación continua.
Lo
anterior parece evidente si observamos como la mutación
veloz de las sociedades va generando nuevos espacios laborales
que dejan obsoletos los ramos de primer año de los
estudiantes de carreras que duran cinco años. A mi
me pasó hace un par de décadas cuando estudié
periodismo, nunca tuve informática y hoy es impensable
un profesional de las comunicaciones que no domine cuatro
o cinco programas. Hoy es caso frecuente de los estudiantes
de ingeniería en computación, y es pensable
que el área de la medicina, la agricultura y la alimentación
se verá revolucionada por la aparición de la
biogenética.
Conocimientos
prácticos, aplicaciones inmediatas, donde el antiguo
modelo ya quedó obsoleto. La capacidad de reacción
de las burocracias universitarias no alcanza a responder a
las demandas del mercado laboral y de una sociedad que pone
la información al alcance de cualquiera, millones de
libros, de páginas web, de conversaciones de chat.
Tanta información que se traduce en ruido, en dificultad
para elegir. ¿Según qué criterios decide
alguien que está pensando en continuar su formación
para la supervivencia profesional, cuando tiene que optar
por nuevas tendencias cuya validación solo la dará
el tiempo, cuando ya quede obsoleto frente a los futuros nuevos
conocimientos?
El
mundo del conocimiento se enfrenta además a una ampliación
de ofertas que sobrepasa las escuelas validadas en los últimos
siglos. Vuelven a aparecer escuelas milenarias, un gurú
de India, o un sufi de Pakistán o un chamán
del Amazonas pasan también a ser parte de la oferta
posible para quien quiera acceder al conocimiento, en un sentido
amplio.
El
mundo más pequeño y más a alcance de
la mano. Ya no hace falta ser Gurdieff para encontrarse con
hombre notables, ni francés o millonario para estudiar
en La Sorbonne. Los conocimientos se acercan: puedo aprender
a escribir japonés o las últimas técnicas
de gestión a través de Internet. Y en la red
la cosa recién comienza.
Para
el curioso, un mundo embriagador de posibilidades, donde hay
que aceptar el azar o la intuición como parte de la
selección, y que la diversidad de caminos es un hecho
irrefutable.
“Sociedad
del Conocimiento” que bajo ese nombre abarca tanto que
distingue poco. Sin embargo, me parece claro que la palabra
“conocimiento” no se refiere a un conocimiento
inmutable y duro, a un objeto –discurso o método-,
sino que a una manera de relacionarse de las personas e instituciones
que –quizás debido a la conectividad- está
constantemente produciendo conocimiento, nuevas soluciones
variables, desafíos con respuestas no comprobables
en teoría sino que en resultados prácticos,
que muchas veces no darán tiempo ni espacio para la
generalización. Una sociedad tan variable pareciera
requerir más aprendices que conocedores, preguntadores
que respondedores.
El
cubo formal
El
aprendizaje en las situaciones de enseñanza del sistema
formal, colegios y universidades implica una relación
unidireccional donde el protagonista es el que sabe, los otros
no saben y deben ser instruidos. La metáfora del recipiente
vacío que debe ser llenado de conocimientos sigue reinando.
Los
alumnos reciben la instrucción (alfombra sit) de parte
del profesor y se espera de ellos una conducta que demuestre
que aprendieron la instrucción. Resolver una ecuación,
recitar un poema, recordar las fechas de las batallas son
algunas de las más típicas. En las universidades
los desafíos son algo más complejos, pero siguen
la misma lógica.
El
que sabe, es el transmisor de una institucionalidad que define
qué es lo que los alumnos deben saber. El aprendizaje
consiste en realizar lo que el profesor sabe y espera. No
se asume el espacio de formación como un espacio de
creación personal, de búsqueda de la propia
identidad, de elementos para hacer mejor aquello que me gusta,
de surgimiento de preguntas y observación sobre aquello
que quiero ser o hacer. El alumno es más bien socializado
en una industria educativa –pública o privada-,
ordenado y homogeneizado. Cantidad sobre calidad, orden sobre
creatividad, masa sobre personas, gobierno sobre ciudadano.
Ya
a fines de los setenta, mis profesores de colegio decían
“más vale una cabeza bien hecha, que una cabeza
bien llena”. Un paso en relación a la metáfora
del recipiente, pero todavía asumiendo el rol protagónico
del hacedor de cabezas.
En
ambos casos el que aprende debe dejarse inocular un conocimiento
predefinido por otro. No tiene una función activa en
la definición de qué quiere aprender, sino que
"estimulado" por la necesidad de pasar o aprobar,
debe someterse a la instrucción que el otro sabe que
es buena para él. No hay protagonismo del aprendiz,
sino que un seguimiento del camino propuesto mediante la sanción
de la nota que sobre un cierto índice se hace acreedor
a una recompensa, o bajo él, una sanción.
Pocas
diferencias con mis perros antes de comer.
Situación comunicacional de aprendizaje
Aprender a aprender
La
idea “aprender a aprender” se ha transformado
en consigna. Con esa frase terminan o inician todos lo discursos
oficiales sobre educación y capacitación. La
consigna vacía el contenido de las palabras y se transforma
en declaración de voluntad, más principio que
práctica. Todavía hay pocos ejemplos de cómo
se materializa aquello en la gran escala de la industria educativa
o de las necesidades de capacitación y formación
continua.
Sin
precisar el concepto, aprender puede mimetizarse con la adaptación
inevitable para sobrevivir en nuestra sociedad en mutación
acelerada, que nos obliga a modificar permanentemente nuestra
relación con el medio, incorporando información
y nuevas posibilidades. Observar ese proceso, mirar cómo
nos cambia, decidir cuándo y qué no transformar,
cómo afecta nuestra identidad, cómo nos permite
mejorar nuestras prácticas puede estar un paso más
cerca del aprendizaje que de la adaptación.
Un
lugar sin límites
El
aprendizaje rompe el espacio y el tiempo tradicionalmente
dedicados a la enseñanza. Ya no se trata de un lugar
aparte, donde la gente se concentra por una etapa de sus vidas
para luego poner en práctica lo aprendido. Adaptarse
a un trabajo, utilizar una nueva tecnología, llegar
a un nuevo país, cambiarse de barrio, son posibilidades
cotidianas y bastante probables en la vida de los ciudadanos
del siglo XXI.
Si
enriquecemos el concepto de aprendizaje con la capacidad de
empoderar la experiencia mediante la observación y
explicación de la misma, es evidente que será
necesario dedicar un tiempo individual o colectivo a la construcción
de este proceso. Un alto reflexivo en la adaptación
constante al cambio permanente, que nos permita observar,
explicar para mejorar aquello que hacemos y somos.
Ese
alto reflexivo será más potente si esa observación
es una actitud constante en la adaptación, es decir
si el aprendizaje no sucede aparte de la experiencia sino
que es parte de él. Desarrollar la atención,
la observación sobre aquello que realizo en todo lugar
y momento es parte del desarrollo de las capacidades de aprendizaje.
El
modelo de los 18 años destinados a adquirir conocimiento
en aulas cerradas y aisladas es el rastro de una sociedad
industrial superada, de la necesidad de formar ciudadanos
homogéneos. Hoy el aprendizaje sucede en todo lugar,
en el trabajo, en la calle, en la interacción con los
medios de comunicación, en los viajes, en la múltiples
ofertas de maestros, cursos, seminarios, desde la supervivencia
en las montañas de California, las meditación
tibetana, la capacitación en diseño de páginas-web,
maestrías en Internet, doctorados en Harvard. Ingreso
seguro, cambie su vida, sea feliz, desarrolle su poder son
las promesas educativas de la sociedad del consumo de conocimiento.
“El
conocimiento humano, medido a la manera de los bibliometristas,
demoró 1750 años en duplicar por primera vez
su volumen. La siguiente vez, lo hizo en 150 años.
Luego en 50. Hoy se duplica cada 5 años. Se estima
que el año 2020 aumentará al doble cada 73 días”.
(1) Publicaciones, producción audiovisual, millones
de bytes de texto, imágenes y sonido circulando en
la web al alcance de cualquiera. Los medios de comunicación
para acceder al conocimiento ya no son un problema.
Pero
un libro es un montón de letras, un computador una
sucesión de unos y ceros sin sentido, un folleto que
explica como acceder a un crédito son dibujos y palabras.
Los instrumentos sólo cobran sentido interpretados,
encarnados en configuraciones y nuevas prácticas de
las personas. Los indígenas de Nueva Guinea dicen que
“el conocimiento sólo es ruido mientras no esta
en los músculos”. (2) El aprendizaje no se da
por el contacto con los instrumentos, sino por un proceso
interno en el que las personas modifican sus conductas, sus
habilidades, su relación con el mundo, sus metáforas.
Desarrollar
las habilidades del aprendizaje puede hacer que la situación
más banal, el profesor más aburrido, el instrumento
menos estimulante se transformen en detonantes de una relación
de aprendizaje y transformación. Eso significa que
la primera alfabetización para los aprendices debe
ser la de cómo aprender.
El
protagonismo del aprendiz
Desde
el punto de vista de la comunicología una relación
comunicacional de aprendizaje describe una relación
en la que dos personas tienen como objetivo aprender, no a
llenar recipientes vacíos, sino a reestructurar las
configuraciones previas, abiertos a modificarlas para crear
nuevos escenarios y posibilidades, transformar la identidad.
No
hay aprendizaje sin aprendiz, sin la voluntad y el deseo de
aprender del alumno o el discípulo. Es decir el “mejor”
profesor relacionado con alumnos que no tienen ganas de aprender,
fracasará en su intento, entregará mensajes
y experiencias que al caer en oídos sordos no crearán
nuevas posibilidades. El caso contrario también es
válido una comunidad de aprendizaje activa y vital,
con objetivos de aprendizaje claros, hará de un profesor
“mediocre” una fuente de nuevas posibilidades
y logrará aprender y crecer.
Esto
es válido tanto para el aprendizaje formal, para la
capacitación, como para la relación con las
antiguas escuelas y tradiciones alternativas. Esa voluntad
y capacidad de aprender es la que puede transformar una consulta
astrológica en una fuente de ideas y señales
o en prejuicios y profecías auto cumplidas, o la práctica
de la meditación en un camino de crecimiento o de militancia
ciega en una nueva religión o ideología.
El
proceso de aprendizaje debería partir por despertar
el deseo de aprender, estimular las capacidades y habilidades
que guiarán ese proceso. Centrarse en la creación
de esa capacidad de auto observación que permite conocer
las configuraciones propias e intuir el camino hacia las nuevas.
Esto puede ser extremadamente difícil “el ojo
que todo ve, nunca se ha visto a sí mismo”. (3)
La
necesidad del protagonismo del discípulo, por sobre
el rol del maestro, lo atisbé hace algunos años
en White Fields, Bangalore. Durante horas, centenares de personas
esperábamos la ceremonia de Sai Baba, uno de los “holy
man” más importantes de India. Cada uno estaba
ahí por distintos motivos, algunos esperando curación
para enfermedades más o menos graves, muchos por razones
religiosas y místicas, otros por curiosidad, no pocos
por turismo espiritual, varios en busca de respuestas. La
ceremonia se desarrolló en forma hermosa, alegre, plácida,
armónica. Al final de ella Sai Baba recorrió
entre las filas de seguidores escogiendo unos diez para una
entrevista personal. En ese momento, la comunidad de seguidores
armónicos se transformó en una muchedumbre de
individuos que peleaban por la salvación personal,
esperando ser elegidos por sobre sus vecinos. El ritual terminó
en un tono menos hermoso que el del comienzo. Observaba las
distintas caras de los asistentes, algunos en paz, otros habiendo
encontrado una respuesta, otros sintiéndose mejor,
otros irritados y decepcionados. En la misma situación,
en la misma ceremonia cada uno buscaba algo distinto y encontró,
o no, de acuerdo a su búsqueda. Yo la certeza de que
cada uno encuentra lo que necesita desde lo que su mayanadi,
el reflejo de su experiencia, hace posible.
Pensar
en un conocimiento develado o listo para ser transmitido,
por el maestro, ajeno a la situación que lo crea, es
como pensar que un libro puede tener una sola lectura. Quienes
leemos y tenemos la costumbre de subrayar, sabemos que un
mismo lector varía según el tiempo: cuando nos
encontramos con los subrayados de otra época, a menudo
nos preguntamos “¿y por qué subrayé
esto, si lo que me importa (ahora) es esto otro?”
No
hay un “conocimiento” que debe ser entregado,
sino aprendices que van descubriendo aquello que desde sus
perspectivas necesitan para adaptarse mejor, ser mas felices,
tener mejores herramientas, comprender mejor el mundo y comprenderse
mejor en el mundo.
Poner
el acento en el poder del aprendiz, no es muy distinto de
la ley de los chamanes de “despertar al médico
interior” de los enfermos para permitir que estos se
curen. El psicólogo y su paciente también se
enmarcan en el mismo tipo de relación. ¿Qué
es una terapia, sino desarrollar o potenciar las capacidades
del otro para que aprenda a vivir mejor?
Al
comienzo de este artículo al describir la situación
de instrucción de mis perros, destacaba entre otros
el poder del ejemplo como oportunidad de modelo y guía
hacia nuevas conductas y comportamientos. Crear en el aprendiz
una actitud de aprendizaje, en el paciente una ventana hacia
la sanación, debería tener como eje maestros
y terapeutas, que están aprendiendo, con el entusiasmo
y la sorpresa del descubrimiento de nuevas posibilidades.
Un aprendizaje que surge en la relación nutritiva de
la comunidad de aprendizaje.
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1
James Appleberry. National and local forces at work: Challenging
times for creative people (1998). Citado por Ivan Guerrero
en Radiografía de la Internet en Chile, Santiago, 2000.
2 Judith Delozier. Curso de PNL “Prerequisites to Personal
Genius”
3 Cita habitual de Salvador Fernández, economista y
astrólogo.
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