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Indígenas, campañas y comunicología
Cuando los orígenes se comparten
Autora: Sandra Rojas


¿Cómo instalar en la comunidad-país un tema ausente no sólo de la agenda medial sino que también de las conversaciones cotidianas? Esa fue la pregunta y el desafío que capturó el interés de Mayanadia para abordar desde la comunicología, una consultoría que entre sus metas, diseñara y ejecutara una campaña nacional de sensibilización en torno a la presencia y aporte de los pueblos originarios de Chile.(1)

Se trataba de una oportunidad única para abordar con perspectiva país, una materia novedosa en la esfera de las políticas públicas nacionales. A través del Programa Orígenes, el gobierno asumía la experiencia inédita de difundir las acciones y resultados de su política indígena.

Para muchos chilenos y parte importante de sus autoridades, el mundo indígena vivía confinado a las imágenes que el pasado almacenaba entre sus libros de historia. Algo se renovaría esa memoria oxidada por la asimilación y el olvido, cuando en 1987, Juan Pablo II aterrizó en la ciudad de Temuco y recibió una manta mapuche de manos de un par de indígenas. Con ellos acompañando su prédica, el Papa invitó a los pueblos originarios a exigir el respeto por sus legítimos derechos, pero también les conminó a cumplir sus deberes como agentes de cultura y fuente de identidad. ¿El mensaje llegó a todos?

En un país que comenzaba a cambiar, la temática indígena cobró existencia en las preocupaciones del mundo político que, a partir de 1990, propició el acercamiento con dirigentes indígenas dispuestos a dar los primeros pasos para saldar la deuda histórica del Estado chileno. Aquellos esfuerzos acabaron en una política institucional que hasta hoy, persigue el reconocimiento y la conservación de la identidad de los indígenas como pieza clave de una sociedad pluricultural y multiétnica a la que todavía le cuesta verse como tal.

Sin embargo, la implementación de esta política, que comenzó a oficializarse en 1993 con la promulgación de una ley y la creación de un organismo técnico(2) , no ha estado exenta de escollos. Mayanadia participó asesorando al Ministerio de Planificación cuando éste enfrentó uno de los momentos más complicados del conflicto entre algunas comunidades mapuche con empresarios madereros y autoridades de gobierno. Era 1999 y el tema tenía alta exposición medial justo en un año electoral. En esa oportunidad, Mayanadia diseñó una estrategia de negociación que consideró el acompañamiento permanente de todo el proceso de diálogos con las comunidades, el trabajo conjunto con miembros de diferentes etnias y relaciones mediales. El resultado de la intervención fue un hito comunicacional sin precedentes en el Palacio de La Moneda, escenario del Acto de los Mil Lonkos y la firma del Pacto por el Respeto Ciudadano, que entre varias otras medidas, acordó la coordinación sistemática y multisectorial del Estado para implementar una política indígena acorde a los nuevos tiempos. Desde ahí, arrancarían planes de acción e iniciativas posteriores, como la “Carta a los pueblos indígenas de Chile, que dio a conocer el Presidente Lagos, donde se anunciaban 16 medidas. Una de ellas era el Programa Orígenes, una iniciativa de acción integral de las comunidades indígenas.

Campaña para un cambio cultural

Después de la primera intervención comunicológica que instaló el diálogo y una nueva etapa en la relación entre las comunidades indígenas y el Estado, Mayanadia inicia una segunda consultoría, esta vez con el Programa Orígenes. Han pasado cinco años y los desafíos son distintos. Por una parte, mostrar los avances de la política pública, a través de la ejecución pertinente, participativa e integral del Programa; y por otra, apuntar a la transformación de una visión cultural –arraigada por siglos en el imaginario colectivo– que ha confinado la fuerza simbólica de “lo indígena” a una cierta territorialidad. La tendencia al blanqueamiento de la sociedad chilena impide verlo sobre todo en las ciudades, donde es percibido como un tema espinudo que eventualmente podría amenazar la soberanía. Los medios de comunicación también han contribuido con su cuota. Y esa ceguera, luego se traduce en la negación del Chile mestizo, ése que muy pocos notan, pero que vive enraizado, por ejemplo, en palabras de uso cotidiano como guagua, yapa, pichintún o cahuín.

En 2002, un informe del PNUD delató la marcada presencia de racismo en el estrato socioeconómico bajo, en los mayores de 55 años y en los grupos sociales ligados a la derecha política. Curiosamente, un año más tarde en una encuesta realizada por la Fundación Ideas, un 63 por ciento de santiaguinos mayores de 17 años rechazó la sentencia que afirmaba que el nuestro “es un país más desarrollado que sus vecinos pues hay menos indígenas”.

Si bien es cierto que como resultado de ambos estudios, las cifras que reflejaban intolerancia su ubicaron bajo la media, el tema continúa siendo invisible para gran parte de la sociedad y opera en un nivel muy subjetivo. Ahora bien, pese a que existen altos grados de discriminación “no declarada”, el país ha dado un tranco importante hacia la valoración por la causa indígena. Chile protagoniza un cambio cultural marcado por la evolución hacia una sociedad cada vez más compleja, donde por definición existe diversidad.

Una campaña comunicacional masiva capaz de recoger esa realidad cargada de sutilezas, entonces, resultaba necesaria y relevante para el conjunto de la sociedad. El enfoque y las herramientas técnicas de la comunicología parecían idóneas para la elaboración de una empresa de esa envergadura.

Dar a conocer, en términos favorables, la importancia de avanzar en políticas públicas dirigidas a los pueblos indígenas no puede considerarse un desafío menor. Basta escarbar un poco para descubrir por ejemplo que, más allá de los esfuerzos bien encaminados, el asunto sigue mejor instalado en el predomino de la crónica roja o en el silencio de las conversaciones cotidianas, que en el conocimiento que los propios profesionales del sector público tienen acerca de la realidad indígena.

Atender toda la complejidad que significa un proceso de cambio donde se ponen en juego no sólo las ideas y creencias sino también las emociones (temores, anhelos, pasiones) y las conductas de las personas, el enfoque de Mayanadia enfatizó la necesidad de establecer un relato que ordenara el conjunto de conceptos y representaciones, las emociones y los afectos, las conductas y los actos que se deseaba vincular a Orígenes.

Junto al relato, otras opciones comunicológicas fueron: segmentación de comunidades, identificación de hitos comunicacionales donde se concentraran los productos y actos comunicacionales, combinación de campaña fuertemente medial con el inicio de la instalación de una visión intercultural desde el Estado.

El poder del relato

Construir un relato es contar una historia que une, que da sentido, que cohesiona. El relato es la explicación de lo que somos, lo que hacemos y lo que queremos ser. Con el relato nos referimos principalmente a aquellos elementos narrativos que explican o describen una comunidad humana. Está compuesto por aquellas declaraciones que la comunidad hace sobre sí misma y que quisiera que las diferentes personas de la propia comunidad, o de otras comunidades que interactúan con ella, encarnaran para poder generarse un espacio de posibilidades.

El relato es, entonces, esta síntesis que queremos que las diferentes comunidades compartan sobre nosotros mismos. El relato puede tener su origen en el pasado, pero se vincula poderosamente con las promesas de la organización y con su futuro.

La creación del relato Orígenes se llevó a cabo durante los primeros meses de ejecución de la asesoría, a partir de las entrevistas, el afinamiento de insumos y el intercambio continuo de información. Su construcción comenzó con la realización de una entrevista a 14 miembros clave del Programa, entre los que se contaron su secretario ejecutivo, el subdirector nacional, los encargados nacionales de componentes y comunicaciones. El trabajo fue complementado con la lectura de documentos, laboratorios, visitas a regiones y reuniones de validación de los lineamientos del relato, que permitieron arribar a un documento central y a una presentación en power point para la Secretaría Ejecutiva. Éste último fue ideado como una herramienta de apoyo para la exposición del relato entre directivos de gobierno, parlamentarios y otras autoridades; y al mismo tiempo, como consulta para la construcción de discursos e intervenciones públicas del secretario ejecutivo.

El relato del Programa Orígenes enfatizó en sus líneas argumentales: El aporte innovador del programa y la particularidad de su actuar en la institucionalidad pública que promueve el desarrollo integral con identidad, la vinculación con la política pública indígena iniciada en 1990, y la vinculación con las promesas y compromisos del Nuevo Trato hacia los pueblos indígenas impulsado por el gobierno.

Su contenido recogió las cifras encarnadas en testimonios concretos o la experiencia de las comunidades, con sus dificultades y beneficios. Para seleccionar los hitos comunicacionales y los elementos narrativos que describían a Orígenes y desde ahí, a la política pública, se desarrollaron criterios esenciales que sintonizaran con las líneas del relato. Esto permitió exponer la integralidad de la intervención del Programa en las comunidades y especialmente, ligar montos de inversión relevantes a los avances de un desarrollo con identidad, a iniciativas con alto impacto social y emocional, a la historia de las comunidades o a alguna demanda levantada por la población.

El relato construido otorgó, por primera vez, un discurso común y mínimo desde el cual los componentes, las regiones y los equipos de trabajo pudieron alinearse. Permitió, así mismo, ordenar la elaboración de los productos y acciones comunicacionales que siguieron este relato, con distintos énfasis según el objetivo particular de cada cual.

Aplicación del relato

Para su aplicación, el relato demandó la definición de criterios que allanaran el camino para recoger los avances de la política indígena mediante la riqueza de las experiencias, mensajes precisos y cifras amistosas que desterrasen la mera propaganda y los testimonios panfletarios. Con esa pauta en mente, durante el desarrollo de la campaña, las personas no perderían el centro. Cada proyecto emblemático tendría su rostro, su apellido, como también la proyección de su aporte. Cada proyecto establecería relaciones directas con sus beneficios y oportunidades. Cada iniciativa entregaría valor al futuro y destacaría por la presencia de los funcionarios en terreno.

Para instalar el relato al interior del propio programa Orígenes, se realizaron laboratorios en las regiones y en Santiago, con los directivos, profesionales y los periodistas que serían los encargados de difundir esta “historia” en todas las comunidades de interés.

La campaña se enfocó en tres comunidades prioritarias de mayor rentabilidad comunicacional: gobierno, líderes y opinión pública. Inicialmente, se consideró la asesoría permanente, el diseño estratégico, el diseño de los conceptos gráficos, relato y líneas discursivas dirigidas a cada una de estas tres audiencias y algunos de los productos y actividades comunicacionales principales.

En la comunidad de gobierno se buscó alcanzar tanto a funcionarios públicos desvinculados de la política indígena, para mostrarles que el tema preocupa y cruza al conjunto del Estado; como a las autoridades de ministerios, servicios y gobiernos regionales, a quienes había que comprometer con la política indígena. Con este segmento se pretendía, en una mirada de más largo plazo, ir instalando una visión intercultural desde y en el Estado.

La comunidad de líderes de opinión, encargada de crear e instalar las representaciones, las emociones y las conductas que comparte un país, recibió un relato que les permitiera percibir la acción pública hacia los pueblos indígenas para después, construir una opinión positiva en torno a la materia. El camino para entregar ese relato se focalizó en el diseño de un boletín electrónico y laboratorios con periodistas y editores de medios de comunicación, en Santiago y regiones.

El diario electrónico se envió quincenalmente a una base de datos formada por funcionarios de gobierno, parlamentarios, medios de comunicación y líderes de opinión, para mostrar la agenda noticiosa del tema indígena y los casos o experiencias exitosas. Visualmente, se diseñó en continuidad con el portal de Orígenes y fue elaborado a partir de los aportes enviados periódicamente, por los encargados regionales de comunicaciones de la institución. Su formato se estructuró en base a una columna central firmada por el secretario ejecutivo y notas regionales centradas en la acción de cada uno de los componentes y algunos hitos noticiosos.

Los laboratorios con la prensa convocaron a editores y periodistas de medios de comunicación, locales y nacionales, además de los equipos de comunicaciones de diferentes instituciones de gobierno con el objeto de sintonizarlos con los conceptos centrales del enfoque comunicológico y orientarlos en cómo éste se aplicaría en la campaña.

Finalmente, el relato dirigido a la comunidad integrada por el público general, sensibilizaría a la opinión pública nacional en torno al respeto por la interculturalidad. El propósito era despertar a la sociedad chilena a su realidad diversa. Frente a esta comunidad, el relato enfatiza el aporte que hacen las culturas originarias a nuestro país, aportes que muchas veces permanecen ocultos en medio de una visión totalizante de la realidad.

El despliegue de actos y productos

Pensando en la manera de abordar a cada comunidad, se idearon dos slogans que actuaron como ejes de la estrategia en diferentes momentos de la misma. La frase-concepto “Dale valor a la diversidad” se centró en el mundo estatal, es decir, en la comunidad de funcionarios públicos. Con ella se buscó concienciar y dar valor al trabajo del personal y los profesionales involucrados en asuntos indígenas, a través del fortalecimiento de la identidad.

“Mira el futuro desde tu origen” se dirigió a líderes y opinión pública para mostrar, entre otras cosas, una imagen de los pueblos originarios que participan del Chile de hoy y se proyectan hacia al futuro. Además, esta frase actuó como cuña para visibilizar el tema de la presencia indígena en la sociedad chilena, su aporte a la cultura y el desafío que implica su reconocimiento.

Por tratarse de una campaña larga, más de 10 meses, los productos y actos comunicacionales se ordenaron a partir de hitos y acciones permanentes a lo largo del período de la consultoría. Entre marzo y finales de junio de 2005, se privilegiaron hitos como el inicio del año escolar, la reforma constitucional para el reconocimiento de los pueblos indígenas o el Día Internacional de la Mujer. Para fortalecer y posicionar con más fuerza los contenidos esenciales de la campaña, el énfasis estuvo puesto en la oportunidad que ofreció el 24 de junio, fecha que oficialmente conmemora el Día Nacional de los Pueblos Indígenas. Como hito mediático relevante dirigido a la opinión pública, la celebración demandó la ejecución de un conjunto de iniciativas que permitieron potenciar la presencia de los pueblos indígenas en el desarrollo del país, y su aporte a la diversidad cultural de la sociedad nacional.

De cara al origen

De esta manera se desplegó esta campaña que buscaba remecer un poco las conciencias de una opinión pública acostumbrada a verlo todo más o menos parejo. En el constante flujo de cambio que vive la sociedad chilena, éste fue el camino escogido para empezar a construir una comunidad más abierta y dispuesta a dejar ver, de verdad y sin prejuicios, los cimientos de su naturaleza multiétnica y pluricultural.

Es un hecho que a partir de esta campaña, el tema de la diversidad –con todos los matices que despierta– será abordado por futuras campañas con la responsabilidad y creatividad que se merece cuando está referida a una sociedad que, poco a poco, aprende a mirarse a sí misma con honestidad. Las próximas iniciativas comunicacionales al respecto, arrancarán desde un nivel más avanzado.

Esta campaña desarrolló una estrategia de comunicación que ha dado los primeros pasos para poner en común la riqueza étnica y cultural de los indígenas. Son los trancos iniciales para que la comunidad nacional llegue a compartir con el tiempo, las ideas, emociones y conductas relacionadas con los pueblos originarios y la oportunidad que ellos representan para construir un país que crece para todos.

La campaña terminó, pero en otro sentido recién ha entrado al flujo milenario de la relación entre el mundo indígena y el Estado. Un fluir de siglos, cargado de connotaciones y hasta ahora marcado por exclusiones y demandas históricas. Un fluir que, lentamente, va tomando nuevos rumbos volviendo la mirada hacia sus orígenes.

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1. Desde diciembre de 2004 Mayanadia ejecutó una asesoría para el Programa Orígenes, iniciativa del gobierno chileno financiada con aportes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, para abordar el desarrollo integral con identidad en las comunidades mapuche, aymara y atacameña del país. Ley 19.253, Ley Indígena, crea la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI.
2. Ley 19.253, Ley Indígena, crea la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI.

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