Las Emociones.
El miedo, la ira, la tristeza, la alegría, el amor.
Emocionar es el fluir cotidiano de una emoción a
otra.
Crom,
corría por la estepa con tranco decidido y pesado,
la espalda aunque encorvada no reflejaba cansancio si no
mas bien un gesto que denotaba el esfuerzo por mantenerse
erguido, de tanto en tanto sus manos se apoyaban el suelo,
ojos y nariz se confundían en la búsqueda
de la presa, su persecución terminaría bien
si mantenía el ritmo y era capaz de alcanzar al animal
con los guijarros que cargaba, llevaba horas tras un jabalí
inmenso y negro que a ratos parecía volverse invisible.
El aire
cada vez mas frió anunciaba la noche, el sol comenzaba
a ocultarse, aún cuando lograra alcanzar a la bestia
ya no volvería a la caverna, esta sensación
de inmediato pareció intimidarle, su paso se hizo
automáticamente mas lento, pero un fuerte dolor en
el estomago le recordó dolorosamente que no podía
ceder, hace mas de cuatro días que no comía
hasta ahora solo se había alimentado de cortezas
y agua, el hambre, el cansancio, el dolor de sus músculos
agarrotado se transformaron en enojo el enojo apretó
su mandíbula y entrecerró los ojos, inhalo
y exhalo por la boca en pequeñas bocanadas sin separar
los dientes, no podía ceder, esa maldita bestia sería
su alimento, aceleró el paso y siguió corriendo.
De pronto desde la nada la bestia como mancha negra, como
sombra violenta y enloquecida. Crom alcanzó a esquivar
la primera embestida con un salto automático, sus
músculos en tensión reaccionaron con celeridad,
dio un tumbo sobre su hombro, y luego otro sobre su espalda,
veloz se incorporó y estuvo otra vez atento, en guardia,
la segunda embestida le rasgo la piel del antebrazo derecho,
al tiempo que un ardor profundo y caliente le aguijoneo
en uno de sus muslos, un grito destemplado se escapó
de su garganta, la ira inundó cada molécula
de su ser, ahora sería un cara a cara, cada uno estaba
en lo suyo y hacía lo que tenía que hacer,
cada gesto, cada movimiento parecía decidirse por
sí mismo, el instinto los impulsaba a ambos, la mandíbula
de Crom se contrajo, la cabeza se inclinó hacia delante,
su nariz se contrajo inhalando y exhalando entrecortadamente,
y mostrando sus grandes dientes gruñó desde
lo mas profundo de sus entrañas, sus movimientos
cortos y rápidos se enlazaron con la tensión
de los músculos, sus puños apretaron las piedras
que cargaba como si quisiera reventarlas, frente a él
la bestia bajó la cabeza y embistió al mismo
tiempo que una gran piedra le reventaba el cráneo,
primero la sangre salpicó la cara de Crom, luego
todo el peso del cielo se le vino encima y el impacto de
la bestia lo lanzo metros atrás, estrellándolo
contra el suelo.
Excitado,
lleno de ira estrelló otra piedra contra la cabeza
de la bestia, y luego otra y otra más, hasta asegurarse
que ya no hubiese movimiento alguno, sus movimientos era
bruscos, rápidos y cortos, en cada golpe Crom descargaba
su violencia y sus temores, el hambre, el cansancio, el
dolor de la herida, se habían transformado en agresividad
aflorando desde el enojo contenido del perseguidor que culpa
a su presa del cansancio del hambre , de las heridas hasta
transformarse en la ira del cazador despiadado que al sentirse
atacado, ataca a su vez como un torrente desbocado de hostilidad,
de salvajismo y ceguera.
Su respiración
se calmó poco a poco hasta normalizarse, al tiempo
que sus músculos se relajaban, la dura tensión
fue desapareciendo, sus brazos se extendieron y su mandíbula
volvió a la normalidad, su cuello se distendió
por un momento. Mas, no había tiempo, rasgo la carne
aun tibia del animal con filos rudimentarios y a tirones
con sus propias manos y dientes, sació su hambre
comiendo sin pausa, mecánicamente.
Agazapado
volvió a estar en guardia, la noche se acercaba y
tenía que buscar refugio, algo se apoderaba del cazador
a medida que las sombras lo inundaban todo, aquel que solo
unos instantes atrás cargado de ira enfrentaba con
reciedumbre, decisión e inaudita violencia a una
bestia enloquecida y casi siempre mortal, ahora parecía
dominado por el temor, su grueso y corto cuello movía
la cabeza de un lado a otro, sus ojos buscan desesperados
lo impalpable, retrocedió arrastrando pesadamente
gran parte del cuerpo de su desgraciado oponente, buscaba
una saliente rocosa que había visto un poco mas atrás,
un fuerte olor a humedad en el aire hacia presentir la lluvia.
Cuando
llegó a la saliente apenas quedaba algo de luz, llovía
con fuerza, copiosamente y fuertes ráfagas de viento
helado le hacían estremecerse, se guareció
malamente entre algunas rocas y se cubrió con el
cuerpo despedazado del jabalí, el esfuerzo lo calmo
un poco, estaba contento el refugio era mejor de lo que
esperaba, entre la ladera del cerro y un par de rocas se
forma una oquedad que detenía en gran medida el viento
y la piedra plana sobre su cabeza, si bien era más
pequeña de lo que recordaba alcanzaba para protegerse
del aguacero.
La noche
llegó, impregnando todo de oscuridad y temor, la
mano de Crom apretó la piedra que traía, era
la misma que había lanzado con toda su fuerza contra
la cabeza de la bestia unas horas atrás, no le gusta
la noche y menos la lluvia, pero su piedra victoriosa lo
protegía. Se dio cuenta que su respiración
comenzaba a agitarse, estaba alerta tratando de descifrar
cualquier ruido, dirigiendo su mirada de un lugar a otro,
oteando cualquier aroma; de pronto una luz encegecedora
azotó su cuerpo, el miedo se apoderó de todo,
sus ojos se abrieron tensamente, su espalda se apretó
contra la roca, su respiración perdió la calma,
inspiró bruscamente una larga bocanada de aire que
se le contuvo en el pecho, apenas lograba soltar el aire,
recuperándolo en pequeñas y rápidas
inhalaciones por la boca entreabierta, sus manos se abren
y la piedra, su arma protectora pierde valor y sentido cayendo
al suelo, esas mismas manos se aferran ahora como la espalda
contra la roca. De nuevo la luz, esta vez acompañada
por un ruido inmenso y feroz, Crom da un brinco en mitad
de la noche, no ve nada, aterrorizado quiere escapar, se
estrella contra la roca que lo enfrenta, lo rechaza y termina
revolcado en el suelo, su cuerpo se encoge y sus brazos
cubren su cabeza, otra vez la respiración contenida
saliendo con dificultad a pequeños borbotones, inhala
entrecortadamente al ritmo de los estremecimientos que sacuden
sin parar su cuerpo, quiere escapar y no puede moverse,
sus músculos no responden, está paralizado.
No hubo
más relámpagos ni truenos esa noche, poco
a poco la respiración de Crom se fue aquietando entremezclándose
con pequeños gemidos primero y con un sordo y casi
inaudible llanto después. La batalla había
terminado.
Amaneció
con un cielo limpio y despejado, Crom sintió un calorcito
que entibiaba su piel y comenzaba a secar sus cobertores,
aun permanecía acurrucado junto a una de las rocas,
sentía dolores en todo el cuerpo, su choque con la
roca le abrió una herida en la frente y extensas
magulladuras en el antebrazo izquierdo y en las rodillas,
de hecho la sangre aun se veía roja entre el barro
que cubría sus extremidades.
El sol
alegró a Crom, quien sin dilaciones apresuro su partida,
cargando toda la carne que podía sobre su espalda,
comenzó su camino, recogió su piedra de combate
y apuro el tranco, se movió rápido, a media
carrera, atento, siempre en guardia vigilando todos sus
flancos, nunca se detuvo, corrió durante toda la
mañana en una marcha forzada aguijoneado por el deseo
de encontrase con los suyos y por el temor de ser emboscado
por algún animal o por otros hombres. Luego de seis
horas avisto su refugio.
Los
hombres y mujeres de su pequeño clan salieron a recibirlo
y mientras caminaba hacia ellos Crom sintió que sus
músculos relajaban, ahora caminaba con la mirada
amplia, la cabeza un poco recargada hacia atrás,
la brisa le despejaba la cara, ya no había agitación
en su respirar, está en calma, sus labios cerrados
con una leve inclinación hacia arriba en uno de sus
extremos esbozaba una leve sonrisa, la cercanía de
los suyos disipaba los temores, caminaba con paso libre,
se sentía liviano, alegre, orgulloso y contento de
estar de vuelta, contento de traer comida, de ver a sus
hijos, de encontrarse con Ughi su mujer.
Ya en
el campamento caminó directo al centro de la caverna,
bordeó la fogata y se presentó donde su padre,
el mayor de todos los hombres del clan. Rugg, era un hombre
de duras facciones, erguido para su edad, avanzó
hacia él y lo abrazó, el viejo lo contuvo
estrechándolo con toda su fuerza, el sintió
en su pecho la respiración del viejo con inspiraciones
por la nariz, entrecortadas como en sacudidas primero y
luego botando el aire por la boca en un gran suspiro, trató
de separarse pero el viejo lo contuvo nuevamente y se repitió
el mismo respirar, a Crom algo se le apretó en el
pecho y sin siquiera quererlo replicó la misma respiración
de su padre. Al separarse se miraron fijamente, algo pasaba
con esa mirada, sus ojos apuntaban hacia abajo y el borde
externo de sus labios se inclinaba hacia abajo, tenia los
hombros encogidos y el cuerpo parecía pesarle casi
como si estuviera muerto, una inmensa tristeza lo inundaba.
El viejo
le habló con voz plana y en un tono muy bajo, apenas
se le entendía pues su respiración dificultaba
sus palabras, tu mujer y tu hijo han salido a buscarte y
ya hace dos días que no sabemos de ellos explico
entre contenidos sollozos, solo hemos encontrado sangre
a la orilla del bosque de los osos, creemos que están
muertos.
Crom
sintió como las fuerzas le abandonaban, caminó
hasta el fondo de la caverna y se dejó caer, sus
músculos se pusieron laxos, le pesaban los huesos,
no quería moverse, sus ojos no encontraron donde
posarse y colgaron la mirada hacia el suelo, su pecho se
hundió entre sus hombros encogidos y como los de
su padre los labios inclinaron su borde externo hacia abajo,
también se repitió la respiración entrecortada
con inspiraciones nasales que ascendían en breves
sacudidas y expirando por la boca en largos suspiros descendentes,
así como un rito fúnebre inevitable, la respiración
trajo por primera vez en su vida a los ojos de Crom un inconsolable
llanto.
Tres
días pasaron sin que Crom se moviera desde el fondo
de la caverna, oscurecido, despojado de energía,
sin moverse, sus gestos estaban cargados de pesadumbre,
balbuceando frases ininteligibles, sintió como la
vida se le iba.
Al atardecer
del tercer día casi al rayar la noche se escucharon
gritos, y alboroto alrededor de la caverna, los hombres
gritaban al unísono y las mujeres emitían
agudos chillidos, entraron todos a la caverna levantando
los brazos, giraban y saltaban como enloquecidos alrededor
del fuego.
Crom
la vió, en medio de la algarabía estaba Ughi
mirándolo con ternura, un poco mas atrás su
hijo, ambos con la cabeza inclinada hacia un lado, con una
leve sonrisa en los labios, el cuerpo relajado, los brazos
abajo, las palmas de las manos hacia fuera, en disposición
de acogida y apertura, la mirada en calma iluminada como
si la luz misma brotara de sus ojos, Crom se incorporo lentamente,
llenó sus pulmones de aire y caminó hacia
ellos, con delicadeza, tomo a su mujer en los brazos y la
estrecho suavemente contra su pecho, el ritmo de su respiración
se hizo mas lento en ambos, inspirando y expirando despacio
y regularmente, se sintió lleno, vivo de nuevo.
De pronto
inusitadamente abrió lo brazos y los levantó
como si quisiera tomar el cielo mismo, su cabeza se inclinó
levemente hacia atrás, respiraba tomando el aire
brevemente por la nariz y lo botaba por la boca entrecortadamente
con pequeñas sacudidas, hasta que no le queda mas
aire y sin poder contenerse volvía a empezar, sin
saber cómo y sin saber cómo detenerse, ante
la mirada atónita de todos por primera vez un ser
humano comenzó a reír.
Andres
Venegas C.
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