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En el principio también fueron las emociones.
Autor: Andrés Venegas


Las Emociones.
El miedo, la ira, la tristeza, la alegría, el amor.
Emocionar es el fluir cotidiano de una emoción a otra.

Crom, corría por la estepa con tranco decidido y pesado, la espalda aunque encorvada no reflejaba cansancio si no mas bien un gesto que denotaba el esfuerzo por mantenerse erguido, de tanto en tanto sus manos se apoyaban el suelo, ojos y nariz se confundían en la búsqueda de la presa, su persecución terminaría bien si mantenía el ritmo y era capaz de alcanzar al animal con los guijarros que cargaba, llevaba horas tras un jabalí inmenso y negro que a ratos parecía volverse invisible.

El aire cada vez mas frió anunciaba la noche, el sol comenzaba a ocultarse, aún cuando lograra alcanzar a la bestia ya no volvería a la caverna, esta sensación de inmediato pareció intimidarle, su paso se hizo automáticamente mas lento, pero un fuerte dolor en el estomago le recordó dolorosamente que no podía ceder, hace mas de cuatro días que no comía hasta ahora solo se había alimentado de cortezas y agua, el hambre, el cansancio, el dolor de sus músculos agarrotado se transformaron en enojo el enojo apretó su mandíbula y entrecerró los ojos, inhalo y exhalo por la boca en pequeñas bocanadas sin separar los dientes, no podía ceder, esa maldita bestia sería su alimento, aceleró el paso y siguió corriendo.

De pronto desde la nada la bestia como mancha negra, como sombra violenta y enloquecida. Crom alcanzó a esquivar la primera embestida con un salto automático, sus músculos en tensión reaccionaron con celeridad, dio un tumbo sobre su hombro, y luego otro sobre su espalda, veloz se incorporó y estuvo otra vez atento, en guardia, la segunda embestida le rasgo la piel del antebrazo derecho, al tiempo que un ardor profundo y caliente le aguijoneo en uno de sus muslos, un grito destemplado se escapó de su garganta, la ira inundó cada molécula de su ser, ahora sería un cara a cara, cada uno estaba en lo suyo y hacía lo que tenía que hacer, cada gesto, cada movimiento parecía decidirse por sí mismo, el instinto los impulsaba a ambos, la mandíbula de Crom se contrajo, la cabeza se inclinó hacia delante, su nariz se contrajo inhalando y exhalando entrecortadamente, y mostrando sus grandes dientes gruñó desde lo mas profundo de sus entrañas, sus movimientos cortos y rápidos se enlazaron con la tensión de los músculos, sus puños apretaron las piedras que cargaba como si quisiera reventarlas, frente a él la bestia bajó la cabeza y embistió al mismo tiempo que una gran piedra le reventaba el cráneo, primero la sangre salpicó la cara de Crom, luego todo el peso del cielo se le vino encima y el impacto de la bestia lo lanzo metros atrás, estrellándolo contra el suelo.

Excitado, lleno de ira estrelló otra piedra contra la cabeza de la bestia, y luego otra y otra más, hasta asegurarse que ya no hubiese movimiento alguno, sus movimientos era bruscos, rápidos y cortos, en cada golpe Crom descargaba su violencia y sus temores, el hambre, el cansancio, el dolor de la herida, se habían transformado en agresividad aflorando desde el enojo contenido del perseguidor que culpa a su presa del cansancio del hambre , de las heridas hasta transformarse en la ira del cazador despiadado que al sentirse atacado, ataca a su vez como un torrente desbocado de hostilidad, de salvajismo y ceguera.

Su respiración se calmó poco a poco hasta normalizarse, al tiempo que sus músculos se relajaban, la dura tensión fue desapareciendo, sus brazos se extendieron y su mandíbula volvió a la normalidad, su cuello se distendió por un momento. Mas, no había tiempo, rasgo la carne aun tibia del animal con filos rudimentarios y a tirones con sus propias manos y dientes, sació su hambre comiendo sin pausa, mecánicamente.

Agazapado volvió a estar en guardia, la noche se acercaba y tenía que buscar refugio, algo se apoderaba del cazador a medida que las sombras lo inundaban todo, aquel que solo unos instantes atrás cargado de ira enfrentaba con reciedumbre, decisión e inaudita violencia a una bestia enloquecida y casi siempre mortal, ahora parecía dominado por el temor, su grueso y corto cuello movía la cabeza de un lado a otro, sus ojos buscan desesperados lo impalpable, retrocedió arrastrando pesadamente gran parte del cuerpo de su desgraciado oponente, buscaba una saliente rocosa que había visto un poco mas atrás, un fuerte olor a humedad en el aire hacia presentir la lluvia.

Cuando llegó a la saliente apenas quedaba algo de luz, llovía con fuerza, copiosamente y fuertes ráfagas de viento helado le hacían estremecerse, se guareció malamente entre algunas rocas y se cubrió con el cuerpo despedazado del jabalí, el esfuerzo lo calmo un poco, estaba contento el refugio era mejor de lo que esperaba, entre la ladera del cerro y un par de rocas se forma una oquedad que detenía en gran medida el viento y la piedra plana sobre su cabeza, si bien era más pequeña de lo que recordaba alcanzaba para protegerse del aguacero.

La noche llegó, impregnando todo de oscuridad y temor, la mano de Crom apretó la piedra que traía, era la misma que había lanzado con toda su fuerza contra la cabeza de la bestia unas horas atrás, no le gusta la noche y menos la lluvia, pero su piedra victoriosa lo protegía. Se dio cuenta que su respiración comenzaba a agitarse, estaba alerta tratando de descifrar cualquier ruido, dirigiendo su mirada de un lugar a otro, oteando cualquier aroma; de pronto una luz encegecedora azotó su cuerpo, el miedo se apoderó de todo, sus ojos se abrieron tensamente, su espalda se apretó contra la roca, su respiración perdió la calma, inspiró bruscamente una larga bocanada de aire que se le contuvo en el pecho, apenas lograba soltar el aire, recuperándolo en pequeñas y rápidas inhalaciones por la boca entreabierta, sus manos se abren y la piedra, su arma protectora pierde valor y sentido cayendo al suelo, esas mismas manos se aferran ahora como la espalda contra la roca. De nuevo la luz, esta vez acompañada por un ruido inmenso y feroz, Crom da un brinco en mitad de la noche, no ve nada, aterrorizado quiere escapar, se estrella contra la roca que lo enfrenta, lo rechaza y termina revolcado en el suelo, su cuerpo se encoge y sus brazos cubren su cabeza, otra vez la respiración contenida saliendo con dificultad a pequeños borbotones, inhala entrecortadamente al ritmo de los estremecimientos que sacuden sin parar su cuerpo, quiere escapar y no puede moverse, sus músculos no responden, está paralizado.

No hubo más relámpagos ni truenos esa noche, poco a poco la respiración de Crom se fue aquietando entremezclándose con pequeños gemidos primero y con un sordo y casi inaudible llanto después. La batalla había terminado.

Amaneció con un cielo limpio y despejado, Crom sintió un calorcito que entibiaba su piel y comenzaba a secar sus cobertores, aun permanecía acurrucado junto a una de las rocas, sentía dolores en todo el cuerpo, su choque con la roca le abrió una herida en la frente y extensas magulladuras en el antebrazo izquierdo y en las rodillas, de hecho la sangre aun se veía roja entre el barro que cubría sus extremidades.

El sol alegró a Crom, quien sin dilaciones apresuro su partida, cargando toda la carne que podía sobre su espalda, comenzó su camino, recogió su piedra de combate y apuro el tranco, se movió rápido, a media carrera, atento, siempre en guardia vigilando todos sus flancos, nunca se detuvo, corrió durante toda la mañana en una marcha forzada aguijoneado por el deseo de encontrase con los suyos y por el temor de ser emboscado por algún animal o por otros hombres. Luego de seis horas avisto su refugio.

Los hombres y mujeres de su pequeño clan salieron a recibirlo y mientras caminaba hacia ellos Crom sintió que sus músculos relajaban, ahora caminaba con la mirada amplia, la cabeza un poco recargada hacia atrás, la brisa le despejaba la cara, ya no había agitación en su respirar, está en calma, sus labios cerrados con una leve inclinación hacia arriba en uno de sus extremos esbozaba una leve sonrisa, la cercanía de los suyos disipaba los temores, caminaba con paso libre, se sentía liviano, alegre, orgulloso y contento de estar de vuelta, contento de traer comida, de ver a sus hijos, de encontrarse con Ughi su mujer.

Ya en el campamento caminó directo al centro de la caverna, bordeó la fogata y se presentó donde su padre, el mayor de todos los hombres del clan. Rugg, era un hombre de duras facciones, erguido para su edad, avanzó hacia él y lo abrazó, el viejo lo contuvo estrechándolo con toda su fuerza, el sintió en su pecho la respiración del viejo con inspiraciones por la nariz, entrecortadas como en sacudidas primero y luego botando el aire por la boca en un gran suspiro, trató de separarse pero el viejo lo contuvo nuevamente y se repitió el mismo respirar, a Crom algo se le apretó en el pecho y sin siquiera quererlo replicó la misma respiración de su padre. Al separarse se miraron fijamente, algo pasaba con esa mirada, sus ojos apuntaban hacia abajo y el borde externo de sus labios se inclinaba hacia abajo, tenia los hombros encogidos y el cuerpo parecía pesarle casi como si estuviera muerto, una inmensa tristeza lo inundaba.

El viejo le habló con voz plana y en un tono muy bajo, apenas se le entendía pues su respiración dificultaba sus palabras, tu mujer y tu hijo han salido a buscarte y ya hace dos días que no sabemos de ellos explico entre contenidos sollozos, solo hemos encontrado sangre a la orilla del bosque de los osos, creemos que están muertos.

Crom sintió como las fuerzas le abandonaban, caminó hasta el fondo de la caverna y se dejó caer, sus músculos se pusieron laxos, le pesaban los huesos, no quería moverse, sus ojos no encontraron donde posarse y colgaron la mirada hacia el suelo, su pecho se hundió entre sus hombros encogidos y como los de su padre los labios inclinaron su borde externo hacia abajo, también se repitió la respiración entrecortada con inspiraciones nasales que ascendían en breves sacudidas y expirando por la boca en largos suspiros descendentes, así como un rito fúnebre inevitable, la respiración trajo por primera vez en su vida a los ojos de Crom un inconsolable llanto.

Tres días pasaron sin que Crom se moviera desde el fondo de la caverna, oscurecido, despojado de energía, sin moverse, sus gestos estaban cargados de pesadumbre, balbuceando frases ininteligibles, sintió como la vida se le iba.

Al atardecer del tercer día casi al rayar la noche se escucharon gritos, y alboroto alrededor de la caverna, los hombres gritaban al unísono y las mujeres emitían agudos chillidos, entraron todos a la caverna levantando los brazos, giraban y saltaban como enloquecidos alrededor del fuego.

Crom la vió, en medio de la algarabía estaba Ughi mirándolo con ternura, un poco mas atrás su hijo, ambos con la cabeza inclinada hacia un lado, con una leve sonrisa en los labios, el cuerpo relajado, los brazos abajo, las palmas de las manos hacia fuera, en disposición de acogida y apertura, la mirada en calma iluminada como si la luz misma brotara de sus ojos, Crom se incorporo lentamente, llenó sus pulmones de aire y caminó hacia ellos, con delicadeza, tomo a su mujer en los brazos y la estrecho suavemente contra su pecho, el ritmo de su respiración se hizo mas lento en ambos, inspirando y expirando despacio y regularmente, se sintió lleno, vivo de nuevo.

De pronto inusitadamente abrió lo brazos y los levantó como si quisiera tomar el cielo mismo, su cabeza se inclinó levemente hacia atrás, respiraba tomando el aire brevemente por la nariz y lo botaba por la boca entrecortadamente con pequeñas sacudidas, hasta que no le queda mas aire y sin poder contenerse volvía a empezar, sin saber cómo y sin saber cómo detenerse, ante la mirada atónita de todos por primera vez un ser humano comenzó a reír.

Andres Venegas C.

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