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Comunicología de laboratorio
El Dr. Morales
Autora: Graciela Rodríguez
 

Acabo de terminar mi clase de Biología en el quinto año del Liceo Fabini de Minas, esta pequeña ciudad al este del Uruguay. A pesar de mis diez años de experiencia, continúa siendo difícil ser profesor. Salgo cansado de clase, especialmente de este grupo de alumnos de 16 años que parecen no interesarse por nada. Siempre pienso esto cuando camino por este largo pasillo del segundo piso, entre adolescentes en recreo que fuman, comen, hablan, bromean y alcanzan un nivel de ruido que me es difícil de tolerar a esta hora de la tarde.

Siempre vengo al Laboratorio de Biología porque aquí descanso mis oídos: hay silencio. Antes de dejar sobre la vitrina mi tablita con los apuntes de la clase y la libreta de notas, doy media vuelta y me encuentro con la cara pálida de una mujer. Me sorprendo un poco, pensé que estaba solo. Más me sorprendo cuando ella cae al suelo cerca de mí.

Demoro unos instantes en comprender que me encuentro frente a un desmayo. Es cuando comienzo a hacer lo que debo hacer, tareas que aprendí con mis familiares médicos y que son rutinarias en mi profesión: levantarle la cabeza, despejar la sala de curiosos que no sé cómo ni cuándo aparecieron, dar espacio a la mujer para que respire, desprenderle los botones apretados de la blusa.

Cuando veo que la mujer comienza a recuperarse, llamo a la ayudante del laboratorio que está en la puerta, le doy un par de instrucciones y comienzo a buscar mi teléfono celular. Tengo registrado el número de emergencias, así que llamo rápidamente a la ambulancia, mientras le pregunto a la ayudante cómo está la mujer. Ella, encantada de poder atender un caso real, me dicta los síntomas: manos húmedas, cara pálida, casi verde, ojos que parecen asustados.

La Señora ya está despierta y repite: "Ya me siento bien", "no sé qué me pasó", "ya me siento bien". Sé que está atontada y trato de tranquilizarla: "No se preocupe", le digo, "Fue un simple desmayo, ahora vendrá una ambulancia para llevarla al Sanatorio y hacerle algunos exámenes de rigor". La mujer, en lugar de tranquilizarse, parece ponerse más nerviosa con mis palabras.

Llegan los paramédicos, la examinan brevemente. Cuando la suben a la camilla, la miro y me esfuerzo por sonreírle. Ella me mira y me parece que está más pálida que antes. Me dice: "Disculpame, sos muy parecido a tu padre, me confundí ".

Me extrañan sus palabras, no entiendo el sentido de su declaración. Mientras busco mi tablita con mis notas, le pregunto a la ayudante por la mujer. "Es una nueva profesora, que ha vivido muchos años en el extranjero y que ahora está dando clases en el liceo. Se llama Sofía Morales". No recuerdo a nadie con ese nombre. Hago un gesto a la ayudante y ella dice: "Sí, yo también pienso que es un poco rara".

Asiento con la cabeza, la saludo y me voy. Mientras voy camino a mi auto, pienso en el estrés que provoca el cambio de país. También pienso que la menopausia puede ocasionar algún mareo severo.

Me siento extraño. No se me ocurre por qué me pidió disculpas la profesora. Conocía a mi viejo y eso me gustó porque me lo trajo a la memoria. Cuando me subo al auto, me doy cuenta que voy atrasadopara la consulta de las seis.

Distinciones médicas

El Doctor Morales actúa como un profesor. Sale de su clase cansado, busca silencio, entra al laboratorio y se encuentra con una situación inesperada: el desmayo de una mujer. La ruptura en su rutina habitual lo sorprende. Reacciona dejando de ser profesor para convertirse en doctor.

Realiza distinciones y nombra: sabe que una mujer pálida que cae y queda con los ojos cerrados en el suelo, está desmayada. A partir de estas distinciones, reconoce cuáles son las acciones específicas que debe realizar para que la mujer despierte. También conoce las acciones que pueden realizar otras personas, por lo que asume su liderazgo de médico, comienza a dar órdenes y a coordinar acciones para lograr el objetivo de despertar a la mujer.

El Dr. Morales enfrenta la situación del desmayo desde su cosmovisión. Distingue, nombra, da sentidos, explica lo que sucede a través de su propia experiencia. Interpreta que posiblemente está estresada. Interpreta que el estrés sumado con síntomas menopáusicos pueden ocasionar mareos severos, lo que responde a sus inquietudes acerca de las causas del desmayo. Sus posibilidades de hacer están marcadas por el espacio de posibilidades que su experiencia previa le abren.

Sabe que debe actuar, que tiene que seguir unas acciones concretas que le llevarán al objetivo de sanar: las coordinaciones "nacen". En este proceso aparecen momentos vividos, conversaciones con sus familiares médicos o clases en la Universidad.

El Dr. Morales actúa como un médico: calmado, tomando el control, mandando, llamando, decidiendo. Forma parte de una comunidad, actúa como parte y comparte el lenguaje de esa comunidad. En el lenguaje, el Dr. Morales forma parte de la comunidad de médicos. En el lenguaje, se genera comunidad.

Sofía

Cuando me di cuenta que estaba sola con el Dr. Morales en el laboratorio del Liceo, me desmayé.

Tengo 37 años. Viví muchos años fuera del Uruguay. He superado con terapias, amigos y mucha fuerza espiritual, algunos pequeños traumas que me quedaron de las épocas difíciles, que ahora me parecen tan lejanas.

Aún así, si me permitieran cumplir un único deseo, elegiría borrar de mi memoria un día de mi vida: cuando fui a declarar a los 19 años. Ese día marcó mi vida y sigue marcándola. No me pasó nada en particular, pero tiempo después pude ver, volviendo al recuerdo de ese día, mucho más de lo que hubiera deseado ver.

Mientras esperaba entrar a la oficina para hacer mi declaración, vi al Dr. Morales que venía con una tablita en la mano, la que sostenía una especie de formulario. Antes de entrar me saludó porque me conocía desde chica. Me miró con ternura y dijo: "Espero que no estés en problemas". Yo hice una mueca. Él me tranquilizó diciendo: "Son preguntas, nada más, no te pongas nerviosa y respondé con la verdad".

Sonrió, abrió una puerta, entró en una habitación y cerró la puerta tras de sí. Me quedé un rato mirando la puerta. Me sentía confiada. Me puso contenta el encuentro con el Dr. Morales. Me devolvió la tranquilidad.

Efectivamente, me hicieron unas cuantas preguntas a las que respondí con la más absoluta verdad. Al rato, me dejaron ir.

Cuando llegué a casa, el alboroto grande: papá estaba muy asustado, mamá lloraba y yo no lograba entender nada. En resumen, muchos de mis compañeros del Profesorado de Biología habían caído presos y papá quería mandarme a Venezuela con el tío Gaspar.

No sé cómo sucedieron las cosas, pero dos semanas después estaba en Caracas, en casa de unos tíos que había visto tres o cuatro veces. De más está decir que mi vida cambió radicalmente: de buenas a primeras y sin mucha conciencia, me encontré viviendo la vida de una exiliada política. En esta vida, me encontré con muchos otros uruguayos, exiliados políticos, por causas más reales que las mías. Escuché de sus bocas muchas historias, algunas las creí y otras no.

Pero cuando me contaron que un tal Dr. Morales, de Minas, era médico militar y que su función era decidir si el torturado podía aguantar más tortura, algo pasó conmigo. Dice el psicólogo que caí en un shock profundo. Dice el psicólogo que muchas cosas que yo había visto hicieron sentido en un momento preciso, que comprendí todo en un instante.

Nunca logré procesar la idea de que aquel médico de mi familia, el hombre bonachón que tantas veces me tomó la fiebre y me acarició el pelo, fuera un médico de torturas.

Desde entonces, cada día de mi vida he visto al Dr. Morales, con su tablita en la mano, sonriéndome y diciéndome que no me preocupe. Desde entonces, todos los días y sin desearlo, mi alma ha recreado una imagen que nunca vi: la que supongo que debe haber sucedido cuando el Dr. Morales cerró la puerta tras de sí.

Hace dos meses que volví al Uruguay, aburrida de vivir en un país que no es mío. Comencé a dar mis clases de Biología y todo marchaba sobre ruedas. Hasta que me vi enfrente de la imagen que llevé todos estos años en mi memoria: la del Dr. Morales con su tablita en la mano.

Cuando desperté una muchacha me hablaba y atendía. Tratando de comprender, busqué en la habitación y en mi memoria alguna rápida explicación. La encontré cuando vi al Dr. Morales. El teléfono celular en su mano y una sonrisa diferente a la bonachona que yo conocía me indicaron que no era el Dr. Morales de mi memoria. Me di cuenta que era el hijo del Dr. Morales.

Me enojé con mi cuerpo, por la reacción que no pude controlar y que me conmovió hasta los huesos.

Distinciones del terror

"A través de nuestro sistema nervioso generamos las coherencias necesarias para movernos en el medio ambiente. Lo determinamos y somos determinados por él. En nuestra experiencia vital vamos generando coordinaciones con este medio ambiente para mantenernos vivos". (1)

Una de las principales características de la percepción es la capacidad de destacar y ordenar los elementos sobre el fondo. La percepción nos permite trazar caminos sobre el caos, dibujar una memoria particular del transitar de nuestras vidas.

Sofía nunca vio al Dr. Morales en la sala de tortura. Pero la recreación imaginaria de los cuentos que escuchó en Caracas, de boca de exiliados políticos, interviene en su vida y la lleva por caminos específicos. En cada palabra, todo un mundo de distinciones es abierto. Es un mundo específico que deja a otros mundos excluidos.

Frente al recuerdo del Dr. Morales, Sofía reacciona con un desmayo, su cuerpo reacciona, su cuerpo comunica. El mundo que surge ante Sofía es el que ella puede captar. Ve a una persona, su gesto, sus rasgos, su actitud y una tablita que lleva en la mano. La imagen la transporta a un recuerdo, a un momento preciso de su vida. Y su cuerpo se expresa.


Conclusiones

"La memoria guardará lo que valga la pena.
La memoria sabe de mí más que yo
y ella no pierde lo que merece ser salvado"
Eduardo Galeano
(Días y noches de amor y de guerra)

Miro, identifico, recuerdo, doy sentido, actúo, coordino acciones con otros. La situación comunicacional surge por alguien que busca alcanzar un objetivo. Al describir actores, historias, sentimientos y hechos, he seguido varios objetivos.

Elegí esta situación comunicacional con el objetivo de ahondar en uno de los aspectos que más me impactan en los temas comunicacionales: cómo el cuerpo muestra estados de ánimo, emociones, cómo el cuerpo comunica a través de sudores, desmayos o pupilas que se dilatan.

Desde siempre he tenido un especial interés por el ámbito personal, individual: cómo nuestro cuerpo muestra más de lo que pensamos que muestra, cómo nuestras palabras dicen más de lo que dicen. Atender y comprender las señales del cuerpo, la comunicación corporal, continúa siendo un objetivo personal principal.

Desde una perspectiva comunicológica, creo interesante des-cubrir cómo cada uno de los actores de la situación comunicacional distingue, nombra y da sentidos al encuentro y a los hechos. Y desde dónde lo hace.

Las distinciones que hace el Dr. Morales posibilitan una efectiva coordinación de acciones con otras personas con un objetivo concreto: recuperar a la mujer del desmayo. En este sentido, y tomando el concepto de Mauricio Tolosa en su libro, estas distinciones "iluminan". Y, al mismo tiempo, "encandilan", porque impiden que el Dr. Morales averigue los motivos del desmayo y preste atención a la declaración que le hace la mujer. El Dr. Morales se pierde un universo de posibilidades que habrían aparecido si él hubiera dado importancia a distinciones que, de haberle dado importancia, no habría actuado como se esperaba de él (como un médico).

Quisiera reflexionar ahora sobre la construcción de la situación comunicacional que presenté. En ella intervinieron mis relatos de los hechos, mis distinciones, la manera en que nombré, los énfasis que di a algunos hechos, los sentidos que atribuí a ciertas imágenes.

Esta situación comunicacional también se construyó a partir de lo que el lector (auditor) aprehendió, distinguió, interpretó, relacionó con su experiencia. En esta construcción intervinieron también los diferentes sentidos que los lectores (auditores) le asignaron. (Entre paréntesis, no es lo mismo leer mi trabajo que estar escuchándolo. Y tampoco será lo mismo cuando lo lean después de haberlo escuchado).

"Cada uno, por su papel e historia particulares, por sus aprendizajes, ha ido configurando su propio ser dentro del grupo humano". Cada uno concurre al encuentro "desde el mundo al que cada uno pertenece, desempeñando el papel que es mundo le ha posibilitado y delimitado". (2)

(1) TOLOSA, Mauricio. Comunicología. De la aldea global a la comunidad global. Dolmen. Santiago de Chile. 1999. Pág.32
(2) Op. Cit. Pág. 21

©Graciela Rodríguez - Milhomens agosto de 2000

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