En noviembre de 2007, un grupo de cuatro profesionales
chilenos integrantes de la Fundación de la Comunicología,
viajó a Ciudad de Panamá para reunirse con
sus pares mexicanos y reflexionar acerca de esta disciplina,
sus alcances y la forma en que estaba poniéndose
en práctica en distintos proyectos. Ambos grupos
tenían una historia de trabajo con la Comunicología,
por lo que fue una oportunidad única, en donde se
generó un espacio rico de análisis e intercambio
de experiencias. Esto, con el único fin de generar
bases comunes para iniciar un trabajo a futuro.
El encuentro reunió a integrantes del Grupo Hacia
una Comunicología Posible, con sede en México,
además de representantes de la Fundación de
la Comunicología de Chile, grupo que estuvo conformado
por Francisca Escobar, comunicóloga y directora de
una serie de proyectos de cambio cultural en organizaciones;
Mónica Herrera, periodista y directora de la Escuela
de Relaciones Públicas que lleva su nombre; Sandra
Rojas, periodista y comunicóloga especializada en
trabajo con instituciones de gobierno, y Mauricio Tolosa,
director Ejecutivo de la Fundación de la Comunicología
y del Think Tank Mayanadia®.
Fueron dos días de un “arduo trabajo”,
como reconocieron los cuatro representantes locales, quienes,
curiosamente, no se habían reunido como grupo desde
aquella oportunidad. Por esta razón, el encuentro
Bitácora de la Comunicología, realizado en
el Centro de Estudios para el Desarrollo, cobraba un valor
adicional. ¿Qué fue lo que se acordó
como trabajo conjunto en esas jornadas de reflexión
y análisis?, ¿De qué manera la Comunicología
podía cobrar una importancia mayor en las intervenciones
comunicacionales del siglo XXI?, ¿Cómo la
experiencia de ambos grupos podía, efectivamente,
contribuir a una legitimación de la comunicología
como una disciplina?
A la luz de una interesante exposición personal,
los cuatro profesionales develaron algunas claves de lo
que fue ese encuentro, el que estuvo matizado, según
reconocieron, por un potente choque entre las concepciones
teóricas y las experiencias comunicológicas
prácticas realizadas en nuestro país en distintos
proyectos. Fue justamente este punto el que destacó
Francisca Escobar al iniciar su intervención del
día de ayer. Para esta experimentada profesional,
la clave de este “desencuentro” entre ambos
grupos se debió, precisamente a que sus pares mexicanos
abordaban la Comunicología desde una perspectiva
netamente teórica, lo que contrastaba fuertemente
con la experiencia chilena.
A su juicio, es justamente el quehacer diario de esta disciplina
la que permite establecer sus alcances y resultados en distintas
intervenciones comunicacionales. A diferencia de sus pares
mexicanos, esta profesional es una convencida que “sólo
poniéndola en práctica, la Comunicología
puede demostrar el tremendo poder que tiene”, afirmó.
Similar opinión entregó luego Mónica
Herrera. Para esta destacada profesional y académica,
los resultados concretos y la aplicación de la Comunicología
como disciplina “sólo tiene asidero en prácticas
recurrentes y no se puede quedar solamente en los libros,
en lo abstracto”, declaró.
Pero, ¿cómo graficar la intervención
comunicológica en el quehacer diario, en los proyectos
personales? Fue a través de la exposición
de Sandra Rojas que los asistentes pudieron dar respuesta
a éstas y otras interrogantes. Basada en su experiencia
en la realización de “Maiquillahue”,
su primer documental, esta periodista trabajó en
la construcción del relato audiovisual de la historia
de una familia de esa localidad cercana a Valdivia, la que
había perdido al padre –además de pastor
evangélico- en manos de los militares en octubre
de 1973. Rojas había conocido la historia a principios
de los ’90 y luego del encuentro del año pasado
en Panamá, decidió volver a visitar a la familia
para contarles de este proyecto. “Habían pasado
casi 20 años desde la primera vez que nos habíamos
visto y me di cuenta que nada en ese lugar era lo mismo.
Desde esa perspectiva, y basados en la Comunicología,
uno entiende que las personas, las emociones, las conductas
e incluso el ambiente que rodea a estos seres había
cambiado y que nuestro nivel de intervención ahí
tenía un valor tremendo”, expresó Rojas.
Tanto ella como su colega con la que trabajaron en este
documental no pudieron abstraerse y decidieron hacerse parte
de este relato, involucrándose en él, sintiendo
que la historia también les afectaba. “Eso
es parte del poder que tiene la Comunicología: entender
que uno no es un mero observador y que uno vive la comunicación
como un actor participante del proceso”, agregó.
Similar opinión entregó Mauricio Tolosa,
quien se encargó de cerrar las intervenciones de
la jornada. Para este experimentado comunicólogo,
tanto las conclusiones del trabajo en Panamá como
las experiencias que cada una de sus compañeras entregó
esa tarde sólo refuerzan la tesis de que la Comunicología
es una disciplina que tiene un alcance muy poderoso. Basado
en su experiencia de trabajo tanto en Chile como en América
Latina, afortunadamente este concepto no despierta tantas
suspicacias como hace 10 ó 15 años. Hoy, y
gracias a un trabajo sistemático, constante, “la
Comunicología ha logrado instalarse como una práctica
válida en distintos espacios, en donde el eje son
las personas, su identidad y la manera en que se relacionan
con otros hacia la obtención de un objetivo determinado”,
expresó.
Luego de esta intervención final, una serie de preguntas
lanzadas por los asistentes cerró una jornada llena
de reflexiones y experiencias en torno a la Comunicología,
desde el encuentro realizado en Panamá el año
pasado, hasta situaciones cotidianas o complejas en las
cuales se debe trabajar hoy y con miras hacia el futuro.