En el debate que se inició en el
Primer Foro de las Comunicaciones (Santiago, enero de 2000),
cuyo fin era discutir en torno a la socidad de la información
y su impacto en los procesos sociales, económicos y
culturales en América Latina y Europa, se cruzaron
tres miradas. En primer término, la de quienes centran
su reflexión en el cómo insertarse de manera
más rápida y eficiente en el proceso de desarrollo
de la Sociedad de la Información; en seguida, la de
quienes ponen el acento en las debilidades y peligros que
conlleva este cambio sobre las identidades culturales y las
exclusiones; por último, la de quienes consideran que
las actuales transformaciones nos constituyen un cambio revolucionario,
y que se trata de un momento más dentro de estructuras
y procesos de largo plazo.
El hecho evidente es que la aplicación de las nuevas
tecnologías de la información se desarrolla
de manera acelerada y es protagonista de los cambios que
se observan en las llamadas sociedades emergentes. Es por
ello que cosntruir la Sociedad de la Información
que queremos requiere de diálogo y la acción
mancomunada de los actores involucrados, y de una reflexión
que traspase las fronteras físicas en pro de la dignidad,
la identidad, la cultura y la calidad de vida de la persona
humana.