La Escuela de Santiago
La Escuela de Santiago, a semejanza de la Escuela de Palo Alto, fue el nombre que sugirió Gregory Bateson, a Humberto Maturana, para describir el movimiento creativo y de innovación en el pensamiento sobre los seres vivos y lo humano que se estaba desarrollando en Chile en los años 60. De no haber habido el golpe de estado de 1973 y sus consecuencias en el mundo de los académicos, intelectuales y pensadores, quizás la Escuela de Santiago se habría materializado y expandido hace décadas.
Sin embargo el proceso siguió otro curso. Inspiradores directos de la comunicología de la Escuela de Santiago como Francisco Varela, Susana Bloch y Rolando Toro, se dispersaron por el mundo aunque siempre mantuvieron vínculos entre sí y con el profesor Maturana. En Chile, las ideas de Maturana irradiaron en la ciencia y la biología, y, también tuvieron un impacto vitalizador en otras disciplinas como la ingeniería, la filosofía, la psicología o la comunicología.
Para la Fundación de la Comunicología, reconstituir el camino de esas personas y sus ideas, es recuperar las fuentes interrumpidas pero sobrevivientes de una concepción de la comunicología que tiene mucho que ofrecer a nuestra época, a través de una visión de los seres humanos y sus procesos comunicacionales que integran razón, emoción y conducta, cuyos supuestos biológicos y culturales derivan en una convivencia fundada en el respeto y la valoración de todas las personas y comunidades.